lunes, 12 de febrero de 2007

Las reglas del juego

He pasado la tarde y la noche del sábado reunido con mis mejores amigos, enfrascados en una interminable y divertidísima partida de la versión aggiornata de Risk. Lo más interesante de esta epopeya lúdica fue nuestra aplicación indiscriminadamente errada de la mayor parte de las nuevas reglas del juego.

En cada punto dónde podíamos haber interpretado algo exactamente al revés de lo que indicaba el manual, lo hicimos; y una vez alcanzado el consenso democrático sobre cómo poner en práctica cada acápite, simplemente asumíamos que eso era lo que habían imaginado y programado los inventores del juego. Algunas veces, dos errores terminaban por anularse dentro de los mecanismos del juego sin afectar para nada la playability del mismo, por lo que no sólo pasaban desapercibidos, sino que nos convencían de la exactitud de nuestro punto de vista.

Luego de estar jugando por más de siete horas, sin que fuera posible que alguien tomara una ventaja significativa (aunque tengo que admitir que mis fuerzas sobre el tablero estaban tan mermadas que impedían cualquier esperanza de victoria), y haber presenciado extraños y exhilarantes desarrollos estratégicos, que nunca habíamos visto con la edición antigua del juego, nos comenzamos a interrogar sobre qué diablos estaba sucediendo.

Sólo luego de haber criticado duramente a las mentes desquiciadas que habían arruinado para siempre los engranajes de una máquina perfecta, decidimos dar una leida detallada al reglamento. En un momento de dolorosa epifanía, nos dimos cuenta del cúmulo de sinsentidos que habíamos generado y bajo el cual nos habíamos regido.

Regresando a mi casa en plena madrugada, mientras el taxi cruzaba la ciudad dormida, el cansancio comenzó a producir algunas reflexiones al respecto. De pronto, esa experiencia adquirió para mí una relevancia universal sobre un par de puntos.

1. Las decisiones tomadas democráticamente no siempre son la correctas.

2. Toda regla es interpretable, llegando a significar hasta lo contrario de su planteamiento original, especialmente si dicha interpretación es consensuada.

3. Muchas veces tomamos por verdades infalibles a ideas absurdas y sin ningún sustento ni lógica, que simplemente se le ocurrieron a alguien y por los puntos 1 y 2 vienen siendo aplicadas sin mayores cuestionamientos.

4. En otras oportunidades, no nos damos cuenta de las consecuencias de un error cometido porque los efectos de otro terminan por maquillarlos, al menos en el corto y mediano plazo.

5. Nunca, y repito nunca, se debe intentar una invasión por mar si hay corsarios en esas aguas (éste es un consejo sólo para los que jueguen Risk: LOTR Trilogy Edition).

En resumen, la regla de oro que se puede extraer de todo esto es la sieguiente: siempre es mejor consultar y revisar minuciosamente las fuentes de información antes de formarse una opinión o tomar decisiones, y si esto se hizo, las conclusiones generadas debe ser defendidas a muerte, aunque la mayoría la piense de manera opuesta.

El próximo fin de semana, probablemente, volveremos a jugar. Y por más que el match del sábado haya sido el más entretenido de los últimos tiempos, esta vez lo haremos como se debe: siguiendo las reglas del juego.

Alea iacta est.


2 comentarios:

Eduardo dijo...

Te entiendo compadre, been there... pero de todos modos, de esta manera es que se generan las mejoras en los juegos de mesa, por medio de estos errores a veces tan funcionales y aparentemente adecuados. Sea como sea, ¿como no sabías que no debias atacar por el mar cuando hay corsarios cerca? jajajaja...

Claudius dijo...

Efectivamente, los errores son útiles, siempre y cuando no se repitan.

Sobre el ataque por mar... tenía una tal cantidad de batallones que decidí arriesgarme a sacrificar algunos durante la travesía hacia la costa enemiga. Lo que jamás se me ocurrió fue que la batalla sería tan dura y peleada, que me haría extrañar esas tropas adicionales.

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Y los incautos a la fecha son...