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martes, 5 de junio de 2007

Desaprobación papal

Como se habrán imaginado por algunos posts anteriores, Ratzi no es santo de mi devoción. Y ojo, el hecho de ser ateo no tiene nada que ver con esta afirmación; su predecesor en el sillón de Pedro me pareció siempre una persona de bien, que sólo en sus últimos años, ya atormentado por la vejez y las enfermedades, terminó por doblegarse a las presiones de cierto sector conservador del clero.

Pero Benedicto XVI tiene muchas cosas sobre las cuales se puede discutir. La elección de su misma razón social (?) ya dio a entender que no es retrógrado, sino mucho más. Sus posiciones sobre temas sociales de alto impacto han resultado tan ultramontanas que asustarían a Bush y sus acólitos que no creen en Darwin. Si le agregamos que su aspecto no es exactamente el de un viejito bonachón (el standard del último siglo y medio), sino más bien el de un ser malvado y maquiavélico, muy parecido al Emperador de Star Wars, entonces es comprensible que a muchos no nos caiga para nada simpático. Pero hasta ahora había algo que nadie le negaba: su calidad de intelectual culto y docto en temas religiosos, hasta el límite de la pedantería.

Por suerte, siempre hay alguien que grita que el rey está desnudo. En este caso, Marco Damilano, de la revista L'Espresso de Italia, se ha dado el trabajo de revisar palabra por palabra de la última masterpiece de Ratzinger, Jesús de Nazareth, y verificar la corrección de sus citas bíblicas. Y sorpresa sorpresa, el Papa queda, en el mejor de los casos, como un redactor muy distraído; en el peor, como alguien indigno de la fama de lumen intelectual en Münster, Tubinga y Ratisbona.

No son errores de poca monta. Pensar que los montes Sinaí y Oreb son dos cosas distintas, cuando hace siglos está comprobado que son el mismo, sería perdonable al máximo en un párroco de provincia poco letrado, pero de ninguna manera en un doctor de teología, y ni qué decir en la máxima autoridad eclesiástica; lo mismo vale para la afirmación de que Abraham se encontró a punto de sacrificar a Isaac en dicha montaña, cuando en los textos se afirma claramente que fue en el Monte Moria. Y así hay muchas más, incluyendo confusiones entre libros del Antiguo Testamento, donde el primer libro de Reyes se convierte en el segundo, hechos de ambos son trasladados a Crónicas, términos griegos son traducidos de forma discutible, etc etc.

Lo que sí me parece alucinante, indignante, terrible, es que el buenote de Joseph afirme que Jesús llegó a Jerusalén mientras se festejaba el Domingo de Ramos. Según Damilano, esta aberración anacronística aparece 4 veces, en las páginas 213, 272, 315 y 335 de la edición italiana. Sí, como lo leen: se nos escapó un milagro más del Altísimo, instaurar fiestas que celebren actos que aún no se han dado... porque el Domingo de Ramos justamente recuerda esa entrada del Mesías a la ciudad, y fue instituida como festividad siglos y siglos después de ese hecho. De este paso, el ex SS (y no en el sentido de futuro Santo Subito) nos dirá que Jesús nació mientras se celebraba la Navidad, o que escapó a las garras de la muerte durante los festejos de la Pascua de Resurrección. Cosas de locos.

Por suerte no dijo estas cosas ex pulpito, desde donde goza aquel extraño superpoder que le permite transcribir sus pensamientos como dogmas infalibles... si no habría que reescribir la historia y las teorías sobre el continuo espacio-temporal. Y no estoy exagerando: serían cosas no más absurdas que muchos de los postulados a los que se debe creer ciegamente para ser considerado un católico a carta cabal.

En una era donde la información está más que nunca a la mano, me parece inconcebible que un libro esperadísimo, seguro best seller, escrito por una figura de nivel global, tenga errores tan graves en cuanto a sus fuentes. Lo cual me hace temblar pensando en aquellos tomos que sirvieron de sustento a discusiones dogmáticas siglos atrás, cuando los únicos ejemplares de las referencias citadas eran pergaminos deteriorados en manos de la misma Iglesia... y si no pregunten por la Donatio Constantini. En virtud de ella existe el Vaticano, no lo olvidemos.

Así es la vida. Vendedores de sebo de culebra, falsarios, fariseos, hipócritas rodean el Templo, ahora como dos mil y pasa años atrás. En ese momento alguien olvidó guardar la compostura y pateó traseros a diestra y siniestra, haciendo un poco de limpieza. Pero hoy, quién podrá defendernos?


martes, 22 de mayo de 2007

IcelanDante - II

En el primer post de esta serie hablábamos de Ultima Thule, la isla descrita por Piteas y citada por Virgilio, lugar considerado mítico pero que ahora es identificado por algunos con Islandia. No debe sorprender que un lugar similar, cargado de connotaciones legendarias, haya sido buscado por alguien tan sensible a esos temas como Adolf Hitler. No olvidemos que durante su régimen el Reich mandó expediciones a la Antártida y al Tibet en busca de entradas a un mundo subterráneo, a donde habrían escapado los habitantes de la Atlántida; o que se lanzaron a la caza de todo tipo de artefactos mágicos y religiosos, desde la lanza de Longinos hasta el Arca del Alianza o el Grial (estas dos últimas búsquedas fueron notoriamente satirizadas en las películas de Indiana Jones).

Un detalle que no hay que dejar de lado es que el partido Nazi se formó sobre ideas gestadas en distintas sociedades más o menos secretas, una de las cuales era la famigerada Thule Gesellschaft o Sociedad Thule, que sostenía la existencia de una raza aria pura cuya origen se remontaba a aquella isla perdida en el extremo norte. Fundada en agosto del 1918, sus miembros terminaron por confluir pronto en las hordas hitlerianas, dejando un rastro muy claro en la vertiente más esotérica de ese régimen, especialmente en las SS de Heinrich Himmler.

Pero aparentemente los exploradores mandados por Hitler no fueron los únicos que buscaron a Thule. En los archivos históricos islandeses figura un hecho sumamente extraño, sucedido en 1217. Se dice que Snorri Sturluson, poeta y guerrero, fue elegido líder de su pueblo en ese año gracias al apoyo y la presencia de 80 caballeros del Sur, armados y vestidos de la misma forma. Quienes eran estos soldados uniformados, de rasgos definitivamente poco nórdicos?

En aquellos tiempos sólo uno de los órdenes militares tenía el dinero y la fuerza de lanzar una expedición de ese tipo en Islandia; más aún, sólo uno de los órdenes militares contaba en sus filas a un Saint Clair (o Sinclair), la familia escocesa que poseía las Orkneys, islas al norte de Escocia que representan un excelente punto de partida hacia Islandia. Y todos los que han leído el Código da Vinci o han oído hablar de los misterios de la capilla de Rosslyn (propiedad de los Saint Clair) saben a quienes me estoy refiriendo: los Templarios.

Es aquí donde las cosas se ponen realmente interesantes. Qué hacían 80 templarios en Islandia en el año 1217? Por qué Hitler estaba obsesionado con ubicar la localización exacta de Thule? Qué habían dejado allá? Qué llevaron?

Utilizando otras obras del Renacimiento como la Última Cena de Leonardo o los frescos vaticanos de Rafael, Gianazza reconstruye una serie de etapas en un recorrido que parte desde Jerusalén y llega a Islandia, pasando a través de la isla griega de Citera y el sur de Francia... probablemente el mismo camino que siguieron a lo largo de décadas los caballeros templarios, antes de aparecer al lado de Snorri Sturluson. Si tenemos en cuenta que lo primero que hicieron una vez llegados a la Ciudad Santa fue excavar debajo del Templo, podemos sólo imaginar lo que pudieron tratar de esconder. Textos sagrados u ocultos, a lo mejor con revelaciones inéditas sobre la vida de Jesús? El tesoro perdido del templo? Los restos mortales de algún personaje de los Evangelios? El Grial?

Lo que fuera, debe haber terminado su traslado en algún punto de Islandia, en 1217, un lugar conocido sólo por los Templarios y, luego de su erradicación en 1307, por una serie de iniciados, entre los cuales estarían el mismo Dante, Botticelli, Leonardo, Bramante, Rafael. Y todo parece indicar que Alighieri, en las páginas de su obra maestra, en realidad está narrando un viaje real hecho por él mismo, camino a Thule y al secreto escondido por los Templarios un siglo antes.

Es curioso que el nombre Tule aparezca sólo dos veces en toda la Divina Comedia, curiosamente en dos cantos con similar numeración: XXXIII del Infierno y XXXIII del Purgatorio. Lo extraño es en qué versos se encuentran, dentro de esos capítulos: 63 y 55, respectivamente. Y ojo, a diferencia de cualquier código de los evangelios que usan los números de capítulos y versículos, la numeración de versos y cantos en la Divina Comedia fue hecha por Dante mismo, no por algún editor posterior. Pero regresando a los números, lo increíble es que, usando como meridiano base el de Jerusalén, como se hacía en la época de Dante, tenemos unas coordenadas (63°N, 55°W), que coinciden exactamente con un punto en la costa sur de Islandia.

Todo puede parecer una extraña y bizarra coincidencia, si no fuera porque hay otro nombre que aparece sólo dos veces en toda la obra, y de manera mucho más sorprendente si se considera que es el de su autor. En realidad, la palabra Dante solo aparece una vez en el capítulo XXX del Purgatorio, en el verso 55; pero en el verso 63, pocas líneas más abajo, figura una extraña referencia: el autor dice que su nombre se registra allí por necesidad. Si uno lee los demás versos, nota que esta frase no tiene nada que ver con lo que se está contando, simplemente hace referencia al hecho que por primera vez puso su nombre en la obra. Es decir, la doble citación del nombre de Dante no afecta ni tiene influencia alguna en el texto; podría ser eliminada y no modificaría en lo más mínimo la narración. Pero es evidente que, como quiso resaltar en ese verso, Dante necesitaba indicar algo. Necesitaba llamar la atención sobre esos números. Necesitaba indicar que Dante y Tule estaban estrechamente relacionados, y su relación tenía que ver con un punto de coordenadas 63 y 55. Probablemente, el lugar en el que Alighieri desembarcó en la legendaria Ultima Thule.

De ahí en adelante, la cosa es simple. Según Gianazza, en el canto XXVII del Purgatorio (no debe ser una coincidencia que todos los pasos significativos se encuentren en cantos múltiplos de 3) se indica claramente el recorrido que hizo Dante desde Italia hasta Islandia, atravesando Francia y Gran Bretaña, según una ruta seguida por los peregrinos islandeses que iban camino a Roma. Y más adelante, el recorrido que hace Dante hasta encontrar a Beatriz en la Rosa Blanca de los Beatos, camino que por cierto está descrito al mínimo detalle y con precisiones geográficas inéditas en la Divina Comedia, coincide de manera increíble con los paisajes de aquella zona de Islandia.

Si Gianazza tiene razón, el trono en el que está sentada Beatriz corresponde a una enorme piedra rectangular, evidentemente tallada por el hombre, situada en un anfiteatro natural en las orillas del río Jökulfall. La posición de la roca, efectivamente, refleja la posición de la amada de Dante tal como se indica en el texto. Detrás de aquella piedra misteriosa, a unos 20 metros de distancia, se encontraría la entrada a una cámara secreta, de forma cuadrada y cuyo lado mediría un segundo de grado, aproximadamente 13 metros. Dante habría llegado a ese punto en la fatídica fecha codificada en la Divina Comedia y en la Primavera de Botticelli, el 14 de marzo del 1319, el momento de su paso del Purgatorio al Paraíso, el instante en que la visión de algo hizo que su alma recobrara la pureza original.

Gianazza se encuentra en Islandia realizando análisis del suelo para verificar la exactitud de sus teorías, y hasta ahora todo pinta bien: no sólo ha realizado el viaje de Dante al pié de la letra, siguiendo las indicaciones del texto, hasta la piedra tallada a orillas del Jökulfall, sino que los primeros exámenes han revelado la presencia de grandes cavidades en la zona donde debería encontrarse la cámara que contiene ese algo que Dante buscó y los Templarios escondieron. No queda más que esperar la conclusión de la investigación, y ver si realmente sirvió de algo estudiar por tres años la Divina Comedia.


lunes, 21 de mayo de 2007

IcelanDante - I

Cuando uno pasa casi una década de su vida leyendo decenas de libros que prometen resolver los misterios más inaccesibles de la historia, termina inevitablemente por convertirse en un desconfiado de primera categoría. Muchos publicitan revelaciones epocales y entregan unos cuantos cientos de páginas mal sustentadas y peor concebidas; en esos casos el cerebro se lamenta, pero más aún el bolsillo. Todo redunda en un sumo dolor de cabeza, en anatemas de todo tipo a los autores y pseudo investigadores, y sobre todo en la promesa, inevitablemente imposible de cumplir, de no volver a caer en la trampa.

En este tiempo he ido creando una serie de firewalls que me permiten reducir el tiempo perdido en cosas similares; por ejemplo, apenas aparece un esbozo de teoría que involucra influencias extraterrestres cierro el libro y paso a otra cosa. Pero hay un sub género que me sigue apasionando, probablemente por el tipo de formación que he tenido, y aún a pesar de muchas decepciones: los códigos escondidos en obras del arte o la literatura. Ojo, no no estoy hablando del Código de la Biblia o similares, que me parecen tan dignos de credibilidad como las profecías de Nostradamus o los horóscopos: es muy fácil interpretar textos a posteriori, luego de que los hechos supuestamente previstos han acaecido. Yo también puedo decir que había previsto la victoria del Milan sobre el Manchester en las semifinales de Champions interpretando una receta de cocina; basta inventarse las reglas del juego.

No, me refiero a algo más parecido a todo el asunto del Código da Vinci et similia. Si algo me atrajo a esa novela, más allá que al leerla me haya dado cuenta que simplifica e idiotiza teorías sensatas como las de Baigent, Lincoln y Leigh, es justamente la componente misteriosa asociada a obras icónicas de la pintura. Igualmente, Graham Hancock en The sign and the seal llega a una posible respuesta sobre el actual escondite del Arca de la Alianza, a través de análisis similares entre esculturas góticas y literatura medieval.

Ahora, cuando alguien me dice que la Divina Comedia de Dante contiene las pistas para encontrar el Grial en Islandia... bueno, tiene todo mi interés. Un enorme interés.

Giancarlo Gianazza es el investigador que ha salido al ruedo con esa afirmación. Voy a resumir todo el asunto de manera criminal, considerando que, mientras no tenga en mis manos el libro (que tengo que leer lo antes posible), es imposible tener un grado de detalle satisfactorio. Pero sólo la idea expuesta ya es mil veces más intrigante que cualquier cosa parecida que haya aparecido desde las polémicas sobre la descendencia de Jesús; al menos para mí, claro, por motivos muy precisos: en mis años de Liceo en Italia pasé tres años estudiando la obra de Dante; soy fan desmedido del ciclo arturiano y de los misterios relacionados con el Grial; e Islandia ha ejercido sobre mí una atracción enfermiza desde 1989, luego de leer Viaje al centro de la Tierra... quod feci, Arne Saknussem debe ser una de las frases que más impactaron mi infancia.

Pero hagamos un breve repaso. Piteas, un navegante griego del siglo IV a.C., realizó un increíble viaje en por las costas atlánticas de Europa logrando, entre otras cosas, circumnavegar las islas británicas. A cierta distancia de estas, llegó a Thule, una extraña isla en la cual se sucedían seis meses de noche con seis meses de día y donde convivían el hielo y el fuego. Obviamente cuando regresó a Marsella, su ciudad natal, nadie le dio el menor crédito; pero ahora es más que evidente que se refería a alguna tierra cercana al círculo polar ártico y que presentaba contemporáneamente actividad volcánica y glaciares. Muchos estudiosos modernos han llegado a la conclusión de que Thule es Islandia, considerando que cubre todos los requisitos (distancia desde el archipiélago británico, cercanía al círculo polar, glaciares, volcanes); pero en la antigüedad tomaron esa parte del relato del buen Piteas como una licencia poética. De esa forma, el término Ultima Thule pasó a denominar un lugar tan imaginario como la Atlántida o las islas de los Bienaventurados.

Las cosas comienzan a ponerse calientes cuando se descubre que el más importante autor de la antigua Roma hizo referencia explícita a Thule: Virgilio, en las Geórgicas, desea a su protector y patrocinador, el emperador Augusto, que logre llevar las águilas romanas hasta Última Thule, es decir, hasta los confines del mundo. Como se sabe, Virgilio es el guía de Dante a través del Infierno y el Purgatorio... hasta ahora recuerdo haber pasado un mes estudiando los porqués de esa elección por parte del literato florentino.

Otro item cuyo estudio me ocupó similar tiempo fue, esta vez en Historia del Arte, el análisis de la Primavera de Botticelli: las teorías sobre qué diablos está sucediendo en esa representación llena de imagenes alegóricas son de lo más disparatadas, rebuscadas, indescifrables. Ahora bien, resulta que muchos se han saltado un detalle interesante: Botticelli era un admirador rendido de Dante y se encargó de realizar ilustraciones para una edición de la Divina Comedia. Y lo que han notado los estudiosos es que algunos bocetos de las ilustraciones corresponden exactamente a las imágenes de la Primavera. En especial, las tres chicas de la izquierda, casi unánimente interpretadas como las tres Gracias, en realidad serían las tres Virtudes que Dante encuentra, danzantes, en el Jardín del Edén, a los pies del Paraíso.

Pero hay más: la figura central de la Primavera presenta la misma posición que un retrato de Beatriz, la musa de Dante, quien asume la tarea de Virgilio y guía al escritor por el reino celestial... justo a partir del Jardín del Edén. Agreguemos que el Mercurio de la izquierda calca una imagen del mismo Dante en las ilustraciones hechas por Botticelli, que el Cupido sobre la cabeza de Beatriz/Primavera apunta al corazón de su enamorado (Dante/Mercurio), que las figuras de la derecha (Céfiro y Clori) son un fácsimil de Eva y Lucifer (obvios referentes del Edén), y que la última figura por descifrar (Flora) sólo puede corresponder a la otra protagonista de ese paso por el jardín, Matelda, quien se acerca a Dante recogiendo flores... y lo que obtenemos es que la Primavera no es nada más que el Jardín del Edén visualizado en el Purgatorio.

Ya sé, a este punto lo lógico es decir que está bien todo, pero el Mercurio es sin duda alguna eso mismo, Mercurio, porque tiene el caduceo y las sandalias aladas, mientras que Dante es reconocible por una nariz aguileña muy evidente, que en cambio este joven no presenta en lo más mínimo. Y es en este punto donde Gianazza hace el leap of faith imprescindible en estos casos. Porque debajo de la primera explicación, individua dos niveles más de lectura, uno de los cuales mantiene la iconografía mitológica de la pintura.

En base a fuentes de la época, principalmente Marsilio Ficino, las tres Gracias se identificaban con el Sol y los planetas Venus y Júpiter, portadores los tres de gracia y virtud para el ser humano; identificación subrayada en el cuadro por la presencia de elementos simbólicos alrededor de las jóvenes (flores particulares, medallones, la similitud de la primera de ellas con la protagonista del Nacimiento de Venus, etc). Por otra parte, el personaje de la izquierda tiene en sus manos dos símbolos planetarios, el caduceo de Mercurio y la espada de Marte, mientras que el Cupido podría corresponder perfectamente al Sagitario, especialmente si se toma en cuenta la pose que presenta. Y finalmente, la figura central (Beatriz/Primavera) tiene un dije que representa de forma inequivocable a la Luna creciente.

Según Gianazza, asumiendo la posición de las figuras como la posición de los astros en el cielo, se encuentran una serie de conjunciones más únicas que raras, que sólo se dio una vez antes de la fecha de conclusión de la Primavera: el 14 de marzo de 1319, en el amanecer sucesivo al equinoccio de primavera de ese año. O, lo que es lo mismo, el verdadero inicio de esa estación en el hemisferio norte.

Surprise surprise, esa misma fecha es identificable en el cuadro también de otra forma: analizando las manos de las figuras del cuadro de Botticelli. Sí, porque en aquellos tiempos no sólo se utilizaban los dedos, sino incluso las falanges, falanginas y falangetas, en diversas combinaciones. Es así que el índice de Mercurio indica 1 y su mano izquierda 4, dando el número 14; las manos cruzadas de las dos primeras Gracias simboliza el número 1000, la primera y la tercera dan 310, la segunda y la tercera el 9; o sea, 1319. Agregando los 3 dedos de Primavera, tenemos el 14/3/1319. Voilá.

Pero todo esto sería superfluo si no fuera porque en la misma Divina Comedia aparece esa fecha, aunque no explícitamente. Pero la descripción astronómica que da Dante del día en que deja el Edén para subir a los cielos, restringida también al saber que escribió el Paraíso entre el 1318 y el 1320, sólo deja una posibilidad. Creo que no es necesario que lo indique, no? Aunque nunca está de más repetirlo: 14 de marzo del 1319.

Por qué esta fecha es tan importante para que aparezca codificada en el texto más importante de la literatura italiana y, por doble partida, en una de las obras maestras del Renacimiento?

Qué tiene que ver esta fecha con Islandia? Y con el Grial?

Las respuestas, en el siguiente post.


miércoles, 18 de abril de 2007

Adaptation

Hace unos días trataba de argumentar (en este post) como, a veces, un poco de fantasía aplicada a la realidad resulta cinematográficamente más atractiva que la opción opuesta, es decir dar un tratamiento hiper realístico a un trabajo de ficción.

Casualmente, los ejemplos presentados para este último caso no se referían específicamente a novelas, sino a producciones sui generis como la Iliada y el ciclo bretón, que por demás presentan aspectos legendarios y míticos en buena parte del desarrollo de sus tramas. Por lo tanto me parece necesario ampliar el análisis a fin de poder dar unas pautas generales de buen gusto adaptativo.

Para empezar, tengo que resaltar una película que demuestra que se puede mantener un buen equilibrio entre preservar el meollo de la tradición con una apariencia menos deudora de los cuentos de hadas; me refiero a Tristan + Isolde, revisitación de la conocida historia de amor entre el paladín de Cornualles y la princesa irlandesa. Aún siendo una producción menor y recorrer decididamente el lado real life de la Historia (incluyendo la situación turbulenta creada en las islas luego de la desaparición del Imperio Romano), el esqueleto de los sucesos se mantiene hasta el final: no hay extrañas mutaciones en la forma en que los dos enamorados se conocen, ni se elimina el triángulo amoroso sobre el cual se basa gran parte de la dramaticidad de los eventos (lo opuesto a lo realizado en King Arthur).

Adicionalmente, son bienvenidos un par de twists menores y sobretodo la revalorización del personaje del rey Marke, que trasciende el tradicional papel de villano para convertirse en un hombre de bien, digno de nuestra simpatía, humanamente sorprendido por la tresca entre su mujer y su sobrino, y sobre todo dispuesto a la comprensión y el perdón luego del atroz descubrimiento. Probablemente lo único que se extraña es el final original de la historia, con Tristan yaciendo mortalmente herido por una espada envenenada, mientras espera a su princesa y a las pociones salvíficas que deben llegar desde Irlanda, pero termina siendo engañado por una amante celosa que le miente acerca del color de las velas de la nave que se acerca al puerto (Isolde había advertido a Tristan que ella llegaría con velamen blanco). Al oír que las velas son negras, expira; cuando Isolde descubre la muerte del amado, se suicida. Los que encuentren algo conocido en este final, no se equivocan: Shakespeare pescó a manos llenas de esta fuente para dar forma a Romeo y Julieta.

Lo que nos enseña esta experiencia positiva es que hay algunos aspectos que funcionan y otros que no a la hora de pasar de la página al celuloide. El primer factor es crucial y, desde mi punto de vista, indiscutible: se tiene que proteger el espíritu de lo que se está adaptando. Transformar una aventura como La vuelta al mundo en ochenta días en una slapstick comedy con Jackie Chan está mal, punto y a parte. Otro punto ineludible es mantener a los personajes principales anclados en sus características principales: retomando el ejemplo anterior, transformar a Phileas Fogg de un millonario serio y flemático a un inventor loco y estrambótico no es buena idea. Un tercer aspecto es preservar los momentos climáticos y característicos de la obra, que deben servir como cruces en el mapa para dirigir la trama a buen puerto. Y es sumamente aconsejable retener intactos los diálogos o frases más representativos y conocidos, que muchas veces forman parte del imaginario colectivo.

Cuando pienso en adaptaciones bien logradas, aún con distintos grados de respeto hacia el texto original, se me ocurren unas cuantas. The last of the mohicans, por ejemplo, modifica el orden de los eventos, cambia las edades de los protagonistas, intercambia parejas (en el libro son Heyward con Alice y Uncas con Cora), agrega dramatismo y muertes inesperadas... pero mantiene el ritmo frenético y el sentido de aventura que caracterizan a la novela, gracias a todas las set pieces que se mantienen casi inalteradas (el encuentro de los protagonistas, el ataque al fuerte, la masacre a la salida, el duelo a escopetazos).

The english patient da un paso más allá escarbando entre las páginas de un libro labiríntico y casi imposible de leer, hasta poder extraer diamantes del fango; y con tal éxito que lo que se ve en la pantalla resulta más literario de lo que figura en el texto. El orden de los eventos es manipulado, la estructura modificada, se agregan personajes, etc etc. Pero al final queda una trama clara y conmovedora, que había permanecido escondida en algún meandro de la pluma de Ondaatje.

The lord of the rings constituye, desde mi punto de vista, un alcance casi insuperable en el campo de la adaptación. La trilogía es una auténtica maraña en términos de estructura, trama, mezclas de prosa y verso, referencias a una mitología previa y exclusivamente tolkieniana, personajes que aparecen en un capítulo y desaparecen en el siguiente, etc. Por suerte Peter Jackson, Fran Walsh y Philippa Boyens tomaron las mejores decisiones a la hora de meter mano a las tijeras, eliminando completamente lo accesorio y dejando la narrativa principal intacta, aunque sin dejar ni un ápice de pulpa en la mesa. Por ejemplo, un tercio de la primera novela es una secuencia tediosa de eventos intrascendentes que involucran a los hobbits camino a su encuentro con Aragorn; en la cinta correspondiente todo el trayecto se reduce a no más de 10 minutos. Máxima eficiencia.

Claro que la ventaja enorme que tuvieron los kiwis fue la de poder realizar tres películas en fila, una por libro (en correspondencia casi perfecta, porque hay algunos traslapes importantes y extremadamente funcionales). Alatriste por otra parte condensa en poco más de dos horas toda la serie de Pérez Reverte (ya van 6 novelas), obteniendo una narración episódica y poco cohesionada, que termina por distraer del enorme trabajo de producción, realmente impecable, y de unos personajes memorables tanto en el papel como en la pantalla grande. Quizás reunir las novelas por pares hubiera sido más racional y efectivo.

En resumen, sin embargo, hay que considerar que el movie making actual suele ponerse muchos más problemas a la hora de producir una película que el simple respeto a sus fuentes. Los límites de presupuesto, la presencia de estrellas con una agenda propia, las necesidades del marketing hacen que hasta las mejores ideas terminen siendo objeto de una carnicería despiadada y de transformaciones a veces aberrantes. Por eso mismo encontrar una buena adaptación es cada vez más complicado, y las frustraciones para los que amamos tanto la lectura como el cine se dan cada vez más numerosas.

Pero hay esperanza: se vienen The time traveler's wife, El amor en los tiempos del cólera, Watchmen. Roguemos al cielo que las musas iluminen a los guionistas y el apocalipsis nos coja confesados.


jueves, 12 de abril de 2007

Cadena de papel

En The world in a satin bag ha aparecido una interesante subespecie de Meme, o sea una cadena de San Judas Tadeo trasladada a la esfera blogística. Lo notable es que esta vez no se trata de la carta del marine que ha quedado herido en Iraq y pide que su suspenda la guerra, ni una oración a la Virgen para curar al niño con leucemia, ni un cuestionario para ver si se es más o menos homosexual, ni nada por el estilo.
Es simplemente una lista preestablecida de 100 libros, y lo que hay que hacer es fácil: se copia la lista en el blog, se pone en negrita los que se han leído, se pone en cursiva los que se quieren leer en algún momento, se dejan los demás como están. Nada más. Así que ahí vamos.

1.The Da Vinci Code (Dan Brown)
2.Pride and Prejudice (Jane Austen)

3.To Kill A Mockingbird (Harper Lee)
4.Gone With The Wind (Margaret Mitchell)
5.The Lord of the Rings: Return of the King (Tolkien)
6.The Lord of the Rings: Fellowship of the Ring (Tolkien)
7.The Lord of the Rings: Two Towers (Tolkien)

8. Anne of Green Gables (L.M. Montgomery)
9. Outlander (Diana Gabaldon)
10.A Fine Balance (Rohinton Mistry)
11.Harry Potter and the Goblet of Fire (Rowling)
12.Angels and Demons (Dan Brown)

13.Harry Potter and the Order of the Phoenix (Rowling)

14. A Prayer for Owen Meany (John Irving)
15. Memoirs of a Geisha (Arthur Golden)
16.Harry Potter and the Philosopher’s Stone (Rowling)

17. Fall on Your Knees(Ann-Marie MacDonald)
18. The Stand (Stephen King)
19. Harry Potter and the Prisoner of Azkaban(Rowling)

20. Jane Eyre (Charlotte Bronte)

21.The Hobbit (Tolkien)

22.The Catcher in the Rye (J.D. Salinger)
23.Little Women (Louisa May Alcott)
24. The Lovely Bones (Alice Sebold)
25. Life of Pi (Yann Martel)
26.The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy (Douglas Adams)
27. Wuthering Heights (Emily Bronte)
28. The Lion, The Witch and the Wardrobe (C. S. Lewis)
29. East of Eden (John Steinbeck)
30. Tuesdays with Morrie(Mitch Albom)
31. Dune (Frank Herbert)
32.The Notebook (Nicholas Sparks)
33.Atlas Shrugged (Ayn Rand)
34.1984 (Orwell)
35. The Mists of Avalon (Marion Zimmer Bradley)
36. The Pillars of the Earth (Ken Follett)
37. The Power of One (Bryce Courtenay)
38. I Know This Much is True(Wally Lamb)
39. The Red Tent (Anita Diamant)
40.The Alchemist (Paulo Coelho)
41. The Clan of the Cave Bear (Jean M. Auel)
42. The Kite Runner (Khaled Hosseini)
43. Confessions of a Shopaholic (Sophie Kinsella)
44. The Five People You Meet In Heaven (Mitch Albom)
45. Bible
46. Anna Karenina (Tolstoy)
47.The Count of Monte Cristo (Alexandre Dumas)

48.Angela’s Ashes (Frank McCourt)
49.The Grapes of Wrath (John Steinbeck)
50.She’s Come Undone (Wally Lamb)
51.The Poisonwood Bible (Barbara Kingsolver)
52. A Tale of Two Cities (Dickens)
53. Ender’s Game (Orson Scott Card)

54.Great Expectations (Dickens)

55.The Great Gatsby (Fitzgerald)
56. The Stone Angel (Margaret Laurence)
57. Harry Potter and the Chamber of Secrets (Rowling)
58. The Thorn Birds (Colleen McCullough)
59. The Handmaid’s Tale (Margaret Atwood)
60. The Time Traveller’s Wife (Audrew Niffenegger)
61. Crime and Punishment (Fyodor Dostoyevsky)

62.The Fountainhead (Ayn Rand)
63. War and Peace (Tolsoy)
64. Interview With The Vampire (Anne Rice)

65. Fifth Business (Robertson Davis)
66. One Hundred Years Of Solitude (Gabriel Garcia Marquez)
67. The Sisterhood of the Travelling Pants (Ann Brashares)
68. Catch-22 (Joseph Heller)
69. Les Miserables (Hugo)
70. The Little Prince (Antoine de Saint-Exupery)

71. Bridget Jones’ Diary (Fielding)
72. Love in the Time of Cholera (Marquez)
73.Shogun (James Clavell)
74. The English Patient (Michael Ondaatje)
75.The Secret Garden (Frances Hodgson Burnett)
76. The Summer Tree (Guy Gavriel Kay)
77. A Tree Grows in Brooklyn (Betty Smith)
78.The World According To Garp (John Irving)
79. The Diviners (Margaret Laurence)
80. Charlotte’s Web (E.B. White)
81. Not Wanted On The Voyage (Timothy Findley)
82. Of Mice And Men (Steinbeck)
83. Rebecca (Daphne DuMaurier)
84. Wizard’s First Rule (Terry Goodkind)
85. Emma (Jane Austen)
86. Watership Down(Richard Adams)
87. Brave New World (Aldous Huxley)
88. The Stone Diaries (Carol Shields)
89. Blindness (José Saramago)
90. Kane and Abel (Jeffrey Archer)
91. In The Skin Of A Lion (Ondaatje)
92. Lord of the Flies (Golding)
93. The Good Earth(Pearl S. Buck)
94. The Secret Life of Bees (Sue Monk Kidd)
95. The Bourne Identity (Robert Ludlum)
96. The Outsiders (S.E. Hinton)
97. White oleander (Janet Fitch)
98. A Woman of Substance (Barbara Taylor Bradford)
99. The Celestine Prophecy (James Redfield)
100.Ulysses (James Joyce)

Resumiendo, tengo 43 leídos, 9 por leer, 48 que no me llaman la atención. Es curioso notar también como muchos de los libros que aparecen (unos 60-70) han sido trasladados al cine.

Bueno, yo cumplí. Si hay algún blogger suelto por ahí, leyendo, que no rompa la cadena. Aunque no se prometan recompensas ni ahora ni en el otro mundo, esta vez sí vale la pena.


lunes, 9 de abril de 2007

Byblos

He aprovechado el fin de semana largo para ordenar de una manera más o menos lógica los libros de mi biblioteca. Desde que aterricé en mi nuevo departamento no había tenido tiempo para organizar todos los volúmenes, y menos aún para definir los criterios con los cuales agruparlos.

La última vez que pude hacerlo, hace más de tres años y dos mudanzas atrás, terminó siendo un extraño híbrido histórico - temático. Es decir, algunos libros eran agrupados por género, por ejemplo ensayística, ciencia, teatro, incluso novelas adaptadas al cine (?); y los demás, sin importar si eran obra de ficción o no, seguían una línea cronológica, según el período que abarcaban en sus páginas. Es así que, entre los griegos y los romanos, encontraban lugar dos biografías serias de Alejandro Magno (Renault y Caratini), un tomo sobre sus estrategias de batalla a full color, la trilogía de Alexandros de Manfredi y The virtues of war de Pressfield. Una ensalada rusa de proporciones, con el único factor agregante constituido por la figura de ese émulo de Aquiles, rey de Macedonia y Asia cuando tenía mi edad.

El poder contar con varios estantes separados en mi estudio me llevó a considerar la posibilidad de dar una lógica más directa al ordenamiento de los tomos. Por ejemplo, quería dar un lugar importante a toda la serie de investigaciones sobre la Atlántida y similares, parte de cuyas conclusiones se han incluido en los posts de la Antártida (para los que no saben de qué hablo, les sugiero empezar por aquí); pero también me parecía hora de dar un particular resalte a algunos autores indispensables, como Verne, Austen, Crichton, Yoshimoto, de los cuales tengo prácticamente toda la producción novelística. Y finalmente, quería separar las novelas de las biografías y demás ensayos históricos, para evitar esos agrupamientos extraños que mencionaba.

Prácticamente he necesitado toda la noche del miércoles y la tarde del jueves sólo para construir el esquema principal; y buena parte de lo que quedaba de los días de feriado para hacer todo el traslado.

Para las crónicas, el orden ha quedado así:
  1. Estante 1-A:
        1. Ciencia Ficción (Asimov, Barjavel, Dick, etc.)
        2. Fantasy (Baum, Lewis, Rowling, Tolkien, etc.)
        3. Cuentos de suspenso (Conan Doyle, Irving, Poe, etc.)
        4. Literatura infantil
  2. Estante 1-B:
        1. Misterios al descubierto (Bauval, Gilbert, Hancock, etc.)
        2. Julio Verne
        3. Jane Austen
  3. Estante 1-C:
        1. Stephen King
        2. Michael Crichton
        3. Banana Yoshimoto
        4. Arturo Pérez Reverte
        5. José Saramago
        6. Gabriel García Márquez
        7. Mario Vargas Llosa
  4. Estante 2-A:
        1. Astronomía
        2. Ciencias Naturales
        3. Ciencias Sociales
        4. Filosofía
        5. Religión
        6. Artes y deportes
  5. Estante 3-A:
        1. Historia
  6. Estante 2-B:
        1. Novelas ambientadas hasta el siglo XVI.
  7. Estante 3-B:
        1. Novelas ambientadas desde el siglo XVII hasta el XXI.
        2. Novelistas peruanos (Bayly, Bryce, Roncagliolo, etc.)
  8. Estante 3-C:
        1. Serie For Dummies
  9. Estante 3-D:
        1. Atlas geográficos e históricos
Con este esquema, es mucho más simple realizar búsquedas. Los grandes autores tienen su espacio propio; los ensayos están subdivididos por temática; los textos de historia siguen una cronología lógica; las novelas siguen un criterio parecido y paralelo.

Por ahora funciona; mañana, quien sabe. Se aceptan apuestas.


miércoles, 4 de abril de 2007

La delgada línea griega

Luego de ver 300, tengo que confirmar las impresiones que presenté previamente en este post. Es un espectáculo visual de indudable impacto, que emplea técnicas y estrategias conocidas y experimentadas en otras películas (la adaptación fiel de los paneles de un comic en Sin City, el uso de ambientes íntegramente generados por computadora en Sky Captain & the world of tomorrow, la violencia gráfica aplicada a la Historia en Gladiator), pero logra que el total sea más que la suma de las partes debido a la heterodoxia total del ritmo que le impone Zack Snyder, uno de los grandes descubrimientos del cine americano de los últimos tiempos. Es verdad, el guión es débil, los diálogos grandilocuentes, la declamación excesiva, pero esto se debe a la fuente original, la obra de Frank Miller: no es una casualidad que los puntos citados sean característica típica de los comics. Y 300 es probablemente la adaptación más lograda del estilo y el espíritu de esas páginas impresas.

Lo que quiero resaltar, en cambio, es el tratamiento general otorgado a un hecho histórico en esta película. Últimamente hemos tenido un revival de cintas basadas en obras de ficción que intentan buscar lo históricamente correcto a la hora de plasmar las palabras en imágenes. King Arthur, por ejemplo, convertía a los medievales caballeros de la Mesa Redonda en mercenarios sármatas al sueldo de los romanos, a Guinevere en una guerrera salvaje, a Merlín en un chamán mugriento, al mismo rey en un comandante de legiones purpuradas. Excuse me? Claro, es mucho más probable que las cosas se hayan desarrollado así, eso no lo dudo; pero si el ciclo bretón tiene un innegable appeal es debido al elemento fantástico, a ese ir y venir entre la realidad y un mundo de hadas, donde conviven doncellas inmaculadas y brujas, corceles y dragones, gigantes y paladines, magos y trovadores.

Vamos, eso es lo divertido: Merlín que impulsa la concepción de Arturo haciendo que Uther Pendragon luzca como el marido de Igrayne (con extraños ecos del mito del nacimiento de Hércules, con Zeus engañando a Alcmena); la espada en la roca; la Dama del Lago; las pruebas cada vez más absurdas que tiene que pasar Lancelot; el encarcelamiento invisible de Merlín por mano de Vivian; las peripecias de Parsifal en busca del Grial; Gawain y el Caballero Verde; Morgana que lleva el cuerpo de su hermano herido de muerte a la Ínsula Avalonia. Quitar el velo de imaginación a esas historias es perder por el camino gran parte de su encanto.

Pero el ejemplo más dramático de este trend es Troy, y lo traigo a colación porque es el más fácil de comparar con 300. Por un lado tenemos una leyenda (por más sustento histórico que tenga, gracias a los descubrimientos de Schliemann en Hissarlik) que es filtrada, destilada y mutilada para darle un gusto verosímil; por el otro, un hecho real y documentado que viene procesado, estilizado y vitaminizado hasta conferirle un aura sobrenatural. Quién gana? Quién tiene más justificación para su experimento?

Yo fui uno de los primeros en estar de acuerdo cuando se anunció que se estaba excidiendo de Troy toda presencia de los dioses del Olimpo. Y es que la intervención divina siempre termina alterando los equilibrios y restando credibilidad a las tramas; no por nada el deus ex machina es visto casi como una peste en los guiones. Pero si Aquiles no muere por una flecha en el talón (en realidad es acribillado en todo el cuerpo por Paris), su único punto vulnerable, de qué estamos hablando? Peor aún, la mal entendida vocación neorealista lleva a modificar las relaciones, de manera que Patroclo es el primito de Aquiles, y éste a su vez tiene una pasión malsana por Briseis; y por otra parte mueren los que sobreviven en el mito homérico (Agamenón y Menelao über alles, y eso que son los ganadores de la guerra!) y sobreviven los que mueren (Paris??? y la venganza de Aquiles por mano de su hijo Neoptólemo?). Se pierde así toda la grandeur trágica y épica, obteniendo una Dinasty de la edad del bronce. Más realística, más convencional, más aburrida.

300 va por el camino exactamente opuesto. Leonidas existió, era un ser humano común y corriente, claro, con excepcionales habilidades de líder y guerrero, pero falta un poco más y tenemos su partida de nacimiento en la mano. Sin embargo, Frank Miller y Zack Snyder lo transfiguran, dándole una dimensión mítica de semidios invencible, capaz con sus garde du corps de afrontar flechas, lanzas, jabalinas y todo tipo de armas arrojadizas, punzocortantes y de doble filo a pecho desnudo... como si Tetis los hubiera sumergido junto a su hijo en las aguas del Styx. Asimismo, los persas no sólo llevan sus mil naciones a la batalla, sino que, en un ímpetu integrador y políticamente correcto, ponen en primera línea a toda clase de freaks, mutantes y demás monstruosidades que pudieron recoger en el camino.

La lucha por el paso de las Termópilas se convierte entonces en un choque entre el bien y el mal, la libertad contra la opresión, la perfección física y étnica contra las perversas mutaciones, la virilidad estoica contra el edonismo libertino. Trasciende el espacio (porque en ese punto no hay ningún acantilado desde el cual arrojar a la infantería oriental), el tiempo (las granadas arrojadas por los persas fueron ideadas varios siglos después por los chinos), las modas (ningún griego en su sano juicio iría a la batalla sin un mínimo de armadura o protección), hasta las leyes de la física (cierto saltos de los espartanos son dignos de Superman). Sin embargo, por extraños motivos, una batalla real llevada al borde del fantasy funciona mejor que una leyenda trasladada a un mundo de sangre y arena. Probablemente porque en 300, a pesar de los retoques dignos del mejor aedo, la idea central de lo sucedido en las Termópilas se mantiene, y su presentación no resulta para nada excesiva si es asumida como la arenga emotiva y ensordecedora dirigida a las tropas que deben vengar a Leonidas y los suyos; en cambio en Troy se presenta la crónica digna de un pasquín rosa o del Reader's digest de unos eventos que ya habíamos conocido en una salsa mucho más agradable y misteriosa.

Aún a riesgo de sonar machista, sólo se me ocurre una metáfora apropiada: Troy es como la modelo despampanante de la cual hemos oído todo tipo de elogios, aventuras, fetichismos, apetitos insaciables, y sin embargo a la hora de conocerla se revela ser una jovencita más del montón, insípida, con acné, maquillaje de segunda y rollitos del todo evidentes. En cambio, 300 es como la chica aburrida y previsible de la oficina, pero que en las noches se transforma en una bailarina de night club exótica y voluptuosa, capaz de dejar al Kamasutra en el rango de un libro infantil.

Llámenme enfermo, pero, entre las dos, creo que no hay ninguna duda. La stripper gana por un cuerpo de ventaja.



martes, 27 de marzo de 2007

Los mapas del tesoro

El trabajo hoy es particularmente agobiante. Pero como no quiero dejar a nadie sin un bit de información útil, entretenida y particularmente curiosa, les recomiendo vivamente el blog de Strange Maps. Es uno de los sitios más interesantes que he podido encontrar en la red, y en los últimos días acaba de superar las 500 mil visitas.

Lo excepcional de esta página es que se dedica exclusivamente a publicar mapas bizarros, y tomando este término en toda la amplitud de sus acepciones. Hay de todo: planes megalómanos de dominio del mundo por parte de las grandes potencias, ciudades repartidas esquina por esquina entre dos países, clamorosos errores geográficos presentes en la cartografía antigua, descripciones de utopías literarias, etc etc.

En realidad vale la pena darse un paseo por sus más de 90 posts, mejor aún si se sabe un poco de inglés, porque las didascalías y comentarios que se adjuntan a los mapas son sumamente informativos y brillantes. Por ejemplo, dudo que alguien sepa que los nazis lograron establecer bases en la Antártida, o que Alemania Oriental aún existe, o cómo es la geografía de El mago de Oz, o la de 1984, la famosa novela de George Orwell. Es para pasar noches enteras frente a la pantalla.

Los mapas siempre han sido una afición personal. Tengo al menos media docena de atlas históricos, algunas enciclopedias geográficas, una colección de mapas de los mundos de Tolkien; me apasiona enormemente ver como cambian las fronteras durante y después de las guerras, la profundidad de las conquistas, los extensos contraataques, grandes superficies de colores contrastados, flechas convergentes, límites punteados. Por otra parte, soy un fan de los juegos de estrategia, in primis el fantástico Risk, que justamente se juegan sobre tableros que representan los mapas de territorios; y como si no bastara, uno de mis libros favoritos es La vuelta al mundo en 80 días y entre mis primeros recuerdos nítidos de la infancia figura una gigantesca ofensiva anfibia de soldados de juguete sobre un mapa de Oceanía, tratando de conquistar la península de Cabo York desde el golfo de Carpentaria.

Sin duda, haber encontrado un sitio tan afín a mis gustos ha sido un auténtico lujo. Entre tantos mapas, a uno le entran ganas de perderse.


viernes, 23 de febrero de 2007

Contornos y aderezos

No recuerdo cuándo empezó, pero cuando leo una novela mi mente comienza automáticamente a rellenar los espacios en blanco de la página. Pero no lo hace con palabras, sino con un production design cinematográfico de calidad superior.

En un principio era el cast. Al toparme con un personaje lo primero que se me ocurría era el rostro del actor que debería interpretarlo, siempre y cuando no hubiera visto antes la adaptación cinematográfica; lo cual me ha llevado muchas veces a odiar películas basadas en novelas que amo, y en las cuales el casting resulta ser un desastre (Jackie Chan como Passepartout en La vuelta al mundo en 80 días??? Say what?). En otras ocasiones, sigo pensando que mi idea original era mejor a la plasmada en la pantalla (imagínense a Harrison Ford en lugar de Sam Neill en Jurassic Park, o a Christian Bale por Matthew MacFadyen en Pride & Prejudice).

Y finalmente, hay casos en los que, retroactivamente, ubico a algún actor que me resulta perfecto para el personaje: recuerdo que luego de haber visto Legends of the fall pensé: "ese pelucón de Brad Pitt estaría perfecto como Aquiles, en la Iliada". Al parecer no fui el único, porque los productores de Troy llegaron a las mismas conclusiones. Las cosas no siempre salen tan bien: yendo al otro extremo, mi Eowyn ideal en The lord of the rings siempre fue Uma Thurman, que entre otras cosas cuadraba perfectamente porque Ethan Hawke fue mi primera idea para Faramir (díganme si los dos no hubieran sido perfectos para esos roles...), y ellos estaban casados, y sus contrapartes litararias terminaban juntos... Peter Jackson siguió mis pasos, aunque al final el trato no se cerró porque ella iba a tener un niño justo cuando se produciría la película.

La siguiente fase de esta locura consistió en agregar el aspecto técnico más exquisito a mi visión de la novela. Los sets, el vestuario, el make up, los efectos especiales... y más adelante el sonido, la cinematografía, la edición. Recuerdo que una vez, cuando tenía diez u once años, me dediqué a leer detalladamente las escenas finales de El último de los mohicanos, imaginando los ángulos, el montaje de las tomas, el paisaje. Todo muy distinto a cómo luego se vio en el cine por mano de Michael Mann, sin desmerecer el trabajo de este último (al contrario, su adaptación es una de mis películas preferidas all time).

En los últimos tiempos, he llegado al límite de escuchar distintamente la banda sonora de la novela, tanto el score como las canciones que deberían aparecer en cada momento. En el primer caso, suelen ser temas que aperecen en films o en trailers (les aconsejo que busquen en Kazaa o similares la música de X-ray Dog, por ejemplo Gothic power: es lo que usan en el 90% de los adelantos de películas!); en el segundo, la cosa es más aleatoria y ecuménica. Pero es obvio que funciona por asociación de pensamientos, porque hay melodías tristes (prueben con Bibo no Aozora, de Sakamoto, el ending de Babel), eufóricas (me parece que Higher, de Creed, es imbatible), trágicas (el tema principal de Schindler's list), cómicas (nunca olvidaré el Misato's theme de Neon Genesis Evangelion), épicas (casi toda la soundtrack de Braveheart), etc etc. Hay para todos los gustos y emociones posibles.

En fin, a veces estoy leyendo una edición de bolsillo en el autobús, en medio de un ambiente definido por bocinas desplegadas, insultos vernaculares, smog a todo dar, y me encuentro transportado de golpe a una superproducción de budget ilimitado, grandes paisajes, arcos a todo volumen, protagonistas soñados. Es algo alienante, lo sé, pero sumamente satisfactorio: casi siempre los kolossals que nacen así, entre líneas, terminan por gustarme más que el promedio de lo que veo en las salas, y ciertamente más de lo que me rodea, camino a la oficina.

Imagínense mi drama ahora que yo formo parte del problema. Porque lo mismo me ha pasado leyendo mi novela una y otra vez, en los últimos tiempos; cada párrafo tiene una imagen, un sonido, un lugar, un rostro conocido. En mi afán de transmitir exactamente las mismas sensaciones, estaba pensando en realizar ilustraciones a todo color, y quizás adjuntar un CD con la música de cada capítulo, para compartir mi visión inadulterada con los lectores.

Lo más terrible de esta extraña síndrome sucede cuando llego al final del libro, y no veo salir los créditos en la pantalla; sólo una página blanca, antes del índice. Entonces comprendo que estoy loco o, probablemente, me he equivocado de profesión.



lunes, 5 de febrero de 2007

El saber SÍ ocupa lugar

Me acabo de mudar.

Bueno, en realidad ya son dos semanas que vivo en mi nuevo departamento, pero quería transmitir la sensación de haber recién entrado a un nuevo mundo y a una nueva vida.

Todo esto parece muy romántico, muy life changing experience, y sin embargo hay un punto que me parte el alma cada vez que tengo que cambiar de casa.

Mis libros.

Cualquier objeto creado por el hombre es más fácil de mover en una mudanza que estos pequeños objetos. He tenido menos problemas subiendo una refrigeradora full size a este sexto piso, o trasladando vajilla china en barco a través del Pacífico y el Atlántico.

Pero los libros... para empezar, tienen una densidad fìsica impresionante. Una caja llena de libros pesa más que esa misma caja, pero llena de pesas de acero. Adicionalmente, la humedad los afecta y daña de manera casi instantánea. En tercer lugar, vienen en tantos y tan disímiles tamaños que convierten cualquier estante, repisa, librería, en una especie de cuadro abstracto, sin una pizca de simetría. Peor aún si, como sucede cuando uno cambia de casa, manda a hacer ex novo dichos muebles... y luego de haber pagado profumadamente al carpintero se descubre que las ediciones económicas desaparecen en tan grandes superficies, y en cambio los tomos macizos no caben en ningún lugar.

Jeez.

Y lo peor es que se multiplican como conejos en constante apareamiento. Y lo peor de lo peor, es que no mueren. Al contrario, los años los vuelven más valiosos y dignos de protección. Como resultado, necesitan un espacio cada vez más amplio, más limpio, más seco...

La gente me critica por haber desaparecido el segundo dormitorio de este departamento, para convertirlo en mi librería.
"Cómo harás cuando tengas hijos? Dónde los vas a meter?"

Mi respuesta suele generar controversia, pero me sale del corazón.
El problema, en ese momento, lo tendrán mis hijos.
Porque mis libros no se tocan.


Google
 

Y los incautos a la fecha son...