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lunes, 16 de julio de 2007

La llave

En algún momento mi racha de predicciones de la Copa América tenía que fallar. No fue en los cuartos de final, tampoco en las semifinales, y mucho menos en la final por el tercer puesto. Por lo tanto, sólo quedaba la final y así fue: contra todo pronóstico, Brasil se llevó el trofeo humillando a Argentina con un perentorio 3-0. Con esta, van cuatro de las últimas 5 copas; es decir, la misma cantidad de éxitos que había conseguido en los precedentes 80 años de vida del torneo.

Es un resultado abultado y probablemente exagerado para lo que se vio en la cancha y durante las tres semanas de competencia; pero sin duda alguna justo si se considera que la albiceleste sólo tuvo dos ocasiones de extremo peligro (palo de Riquelme, gran estirada de Doni sobre tiro de Messi). Dunga logró entender la password para penetrar el aparentemente infranqueable edificio de toque y fútbol armado por Basile, probablemente luego de haber estudiado a fondo el primer tiempo de la semifinal contra México, el único momento de todo el campeonato en que los argentinos se encontraron frente a un adversario digno de ese nombre (no consideramos en el análisis el Argentina - Paraguay, que ambos jugaron con suplentes). Los demás equipos (y Perú sobre todos) se cerraron al límite de su propia área, dando tres cuartos de cancha al ballet rioplatense que, por cansancio y prueba y error, terminaba por caer sobre esos incautos como una avalancha.

El huevo de Colón consistía en ahogar a los creadores argentinos armando un dique en la línea mediana, obligándolos a enredarse con sus defensas a la hora de intentar una salida jugada. Brasil tenía a dos volantes de contención puros (Mineiro y Josué), más los aportes de Baptista, retrocediendo de su función de armador, de Dani Alves, poderoso tornante derecho, y de los laterales defensivos Gilberto y Maicon, que se agregaban por los costados conformando un 4-3-2-1 que por momentos parecía más un 2-6-2. Bloqueando la franja central, se desnudaba la banda izquierda argentina, con Heinze y Cambiasso que en toda su carrera combinada deben haber llegado al fondo igual número de veces que Alves en uno de los tiempos de la final. Riquelme y Verón no sabían qué hacer con la pelota, Tevez y Messi vagaban improductivamente, los defensas tenían miedo de rifar la bola o de presionar muy arriba y recibir contragolpes.

El único antecedente más o menos parecido es el de Barcelona - Milan 0-4 en la final de Champions del '94; ahí también teníamos un equipo hiper favorito, que había derrochado buen juego a lo largo del campeonato, jugando contra un conjunto más débil y devastado por las ausencias (en ese caso la enorme dupla central milanesa, Costacurta y Baresi, estaba suspendida). Misma dinámica de juego y mismo resultado: presión alta, cortocircuito de los jugones en el medio, contragolpe. Uno, dos, tres, cuatro.

El módulo de Brasil es muy parecido al empleado por el Milan campeón de Europa de este año: atrás dos centrales seguros son flanqueados por marcadores de proyección; delante a ellos dos volantes de contención protegen a un armador retrasado o mixto, dejando libres a los tres hombres de arriba. Es una buena manera de defender lo más adelante posible, especialmente si alguno de los delanteros apoya haciendo pressing sobre los centrales adversarios, porque el muro constituido por 3 volantes más alguno de los marcadores no es nada fácil de pasar... y aún así falta chocar con el bloque central de la defensa; además, los relevos de los destructores cuando los laterales pasan a la ofensiva son mucho más simples.

No sé por qué, pero me parece que estamos frente a una buena alternativa para Perú en las eliminatorias, porque asumo que en sus 9 partidos de visitante y almenos 2 como local (contra Brasil y Argentina) tendrá que esperar la iniciativa del rival. Los hombres los tiene: la dupla Acasiete - Rodríguez da seguridad en el centro de la defensa; Vargas y Solano pueden garantizar marca y propulsión por los lados; en la delantera Mariño, Ismodes, Pizarro, Guerrero y Farfán pueden ocupar los tres lugares en cualquiera de sus combinaciones. Falta definir el bloque nevrálgico, y no es casualidad que haya sido el punto débil de la última Copa, porque Uribe sólo llevó a Bazalar y De La Haza; este último, más Torres, Cruzado, Cevasco, y hasta Galliquio reconvertido como volante de contención permiten experimentar esta alternativa. Sigo convencido que jugar un 3-4-3 es la mejor manera de emplear las fuerzas existentes, como dije en un post anterior, pero el 4-3-1-2 es una buena opción para partidos defensivos.

Para cerrar en belleza estas semanas de fútbol, un resumen de cierre sobre Venezuela 2007.

Lo bueno:
  1. El juego de Argentina, a pesar de la decepcionante final: por momentos recordó al equipo fantástico de las eliminatorias al Mundial 2002.
  2. Los goles, muchos de ellos memorables: Messi, Suazo y Robinho über alles.
  3. La terquedad de Dunga en jugar con 3 medianos: le funcionó en el mejor momento.
  4. El penal de Abreu en la semifinal frente a Brasil: simplemente mítico (y copiado, ver más adelante).
  5. Ochoa y Doni, grandes revelaciones en el arco: el primero era eterno suplente de Sánchez, el segundo en la Roma no paraba ni un globo (1-7 en Manchester, recuerdan?), pero se conviertieron en estrellas de sus selecciones.
Lo malo:
  1. El fútbol expresado por los países andinos: Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile iban con sus mejores elementos y no generaron una gran impresión, aunque los altiplánicos están justificados por iniciar desde un nivel más bajo.
  2. La venta de boletos: si los estadios estaban agotados, por qué se veían tantos espacios?
  3. La falta de reflejos de Basile: mantener a Verón y Cambiasso en la cancha cuando era evidente que los brasileños se los comían parece avalar la teoría de que Johnnie Walker sea uno de sus asistentes.
  4. El Puerto Ordazo: media selección chilena dio rienda suelta a sus instintos básicos en el hotel luego de pasar a cuartos; un par de días después, 6 goles en la bolsa, suspensiones de 20 fechas, dimisiones del entrenador.
  5. Uribe: con eso ya he dicho todo.
Lo feo:
  1. El penal de Riquelme ante México: ok, quería quedar mejor que Messi (golazo cinco minutos antes) y Abreu (penal a lo Panenka en la otra semifinal) juntos; pero tenía que hacerlo en un partido ya cerrado, humillando innecesariamente al rival?
  2. Los delanteros más impresentables de la Copa: Vagner Love jugó bien en la final, pero debe ser el 9 verdeamarelho más pobre del siglo; Cuauhtemoc Blanco anotó de penal, pero la edad y la joroba ya pesan demasiado como para llevarlo a un certamen similar; y sobre todos el Bofo Bautista, sobrepeso, lento, teñido a lo platinette y con vincha, perdido en la cancha, simplemente obsceno.
  3. El look de carnicero mafioso de Don Alfio: esa camisa la lavó entre un partido y otro o no?
  4. La camiseta alterna de los Estados Unidos: prácticamente, el uniforme de Bananas in pyjamas.
  5. El triple play de honor con Hugo Chávez, Evo Morales y el Diez. Lo que nos faltaba...
Nos vemos en cuatro años (salvo que la CONMEBOL cambie idea)... y a desintoxicarse del fútbol, lo antes posible.


viernes, 13 de julio de 2007

Nueva Escocia?

No creo que sea una sorpresa que la final de la Copa América la jueguen Argentina y Brasil (en riguroso orden alfabético), tal y como sucedió en el campeonato pasado. Si analizamos con detalle el panorama futbolístico sudamericano de los últimos tiempos, se puede entender por qué.

Si excluimos la eliminación de la albiceleste por mano de Perú en las eliminatorias de México '70, notamos que ambos equipos siempre han estado presentes en fases finales en los últimos 50 años (desde Suecia '58); para entender lo impresionante del asunto, la siguiente mejor racha es la de Uruguay con sólo 4 mundiales consecutivos (de Chile '62 a Alemania '74), seguida por las de Colombia (Italia '90 - Francia '98) y Paraguay (Francia '98 - Alemania 2006). Pero vayamos más allá: desde México '70 Argentina y Brasil son los únicos equipos del continente que hayan llegado a una semifinal mundial.

En los últimos años el gap se ha incrementado: de las últimas 16 ediciones de la Copa Libertadores, 8 han sido conquistadas por equipos brasileños (las últimas 6 por 6 equipos distintos: Gremio, Cruzeiro, Vasco da Gama, Palmeiras, Sao Paulo e Inter) y 6 por argentinos (las últimas 4 por Boca Juniors); y en las últimas 8 copas 13 de los 16 finalistas eran de uno de esos países. Es un panorama sumamente desalentador para los demás competidores, y creo que es de lo más parecido con lo que se ve en el campeonato de Escocia, donde Rangers y Celtic se llevan todo (91 de los 109 torneos disputados) y no dejan ni las migas: chequeen estas listas de campeones escoceses y se darán cuenta que es algo muy similar.

Pero bueno, en este fin de semana se vienen las finales y por lo tanto no puedo eximirme de lanzar mis temerarios pronósticos que, si leen lo que había previsto para los cuartos de final y luego para las semifinales, están perfectamente validados por los resultados. El único error en la última ronda fue afirmar que si Brasil marcaba un gol se acababa el partido: como se sabe, no ha nacido uruguayo cobarde, y los celestes se repusieron todas las veces que estuvieron abajo en el marcador, incluyendo los penales (salvo el último, claro está).
  • Uruguay - México (final por el 3° puesto): si hay algo que tengo claro es que estos partidos de consuelo son sumamente impredecibles. Algunos equipos llegan deprimidos, otros hacen jugar a los suplentes, pocos se lo toman en serio. La derrota de Uruguay con Brasil me pareció más dolorosa y por lo tanto más difícil de asimilar que la de México, y si jugaran suplentes, los chicanos tienen de lejos una mejor banca, salvo ese par de impresentables figuretti sobrepeso del Bofo Bautista y Cuauhtemoc Blanco; sin contar que hasta el match con Argentina habían demostrado mucha solidez en todos sus repartos. Con los charrúas nunca se puede decir nunca, pero creo que las cosas están claras. México: 65%; Uruguay: 35%.
  • Argentina - Brasil: si no fuera por el amenazador precedente de la Copa pasada (Argentina goleó 3-0 en semifinales y Brasil ganó a Uruguay en penales; Argentina venía con el mejor equipo y era favorita, mientras que Brasil jugaba con un 80% de suplentes; y al final ganó Brasil), apostaría all in sobre la albiceleste. Han jugado mucho mejor en el campeonato, han ganado todos los partidos, han marcado 16 goles y recibido 3, tienen una banca de lujo; Brasil se ha colgado de Robinho para llegar hasta este punto, perdió con México, estuvo al borde de perder con Uruguay en penales. Pero a veces el futbol es injusto y puede suceder cualquier cosa, especialmente en enfrentamientos de estas potencias: así que hay que dejar alguna chance para la canarinha. Argentina: 60%; Brasil: 40%.
El lunes cerramos el capítulo de la Copa América con lo bueno, lo malo y lo feo de este evento. Luego, vacaciones de fútbol hasta fines de agosto, cuando reinicien los campeonatos importantes y luego las eliminatorias.

Que ruede la pelota.


lunes, 9 de julio de 2007

Neverending story

Y bueno. A veces quisiera equivocarme en los pronósticos, echarle un poco de mufa a los equipos que anuncio como probables ganadores, aunque sea para tener un poco de thrilling en todo el asunto. Pero no. Una vez más (como ya sucedió antes en la Champions) mis habilidades divinatorias han podido más que mis buenos propósitos y deseos. Si quieren comparar, primero lean el post previo a los cuartos de final de la Copa América, revisen los resultados del fin de semana y hablamos.

Claro, hay algunas diferencias, pero más en la forma que en el contenido. Anuncié las victorias de México y Brasil sobre Paraguay y Chile en partidos cerrados; no creo que un 6-0 y un 6-1 de lo más tenísticos sean resultados apretados, pero la cosa es que los dos ganaron. No voy a tomarme muchos méritos por haber adivinado también el Argentina - Perú, cuya conclusión era obvia y del cual hablaré más adelante. El único error estuvo en el Venezuela - Uruguay; tengo que admitir que sobrestimé enormemente la influencia de la federación local, de la hinchada venezolana y de Hugorila Chávez sobre la terna arbitral y el once charrúa. Pero si se fijan, apuntaba que un eventual retorno de Recoba permitiría un 4-3-1-2 mucho más efectivo para los uruguayos y especialmente para Forlán: dicho y hecho, el Chino estuvo en la cancha, el rubio delantero hizo dos goles y Uruguay se tomó la vinotinto de un solo sorbo. Así que, pensándolo bien, voy a considerar con bastante falta de vergüenza que acerté 3.5 resultados sobre 4.

Aprovechando el buen viento en mis velas, sigo de frente a mi sección Nostradamus y veamos que depara mi esfera de cristal para las semifinales del martes y miércoles:
  • Uruguay - Brasil: y ahora? Ambos equipos finalmente han encontrado su mejor juego y sobretodo dos conductores creíbles como Recoba y Baptista; sus goleadores, Forlán y Robinho, vienen de un doblete en cuartos. Si consideramos que Uruguay históricamente se juega la vida contra el Scratch y usualmente lo pone en aprietos, entonces el resultado no está tan cantado; más aún analizando línea por línea: ambos arqueros son irregulares; las dos zagas son lentas, aunque la brasileña tiene mucha más llegada y menos marca con los laterales; las volantes presentan tres destructores y un diez; ambos equipos cuentan con un delantero goleador y uno de apoyo. Todo depende del primer gol: Uruguay puede matar en el contragolpe, pero si Brasil marca uno se acaba el partido. Brasil: 60%; Uruguay: 40%.
  • México - Argentina: aquí sí la cosa está para cualquiera. El equipo más sólido defensivamente (1 gol en contra, 10 a favor) contra el más goleador (13 goles a favor y 3 en contra); y son los únicos que quedan invictos en la copa. No hay mucho qué decir: es un tiro al aire, pero me juego por el mayor taso técnico argentino. Argentina: 55%; México: 45%.
Y finalmente, último capítulo de la telenovela peruana en Venezuela. Creo que por primera vez Uribe mandó a la cancha el equipo correcto, considerando lesiones (Farfán) y suspensiones (Rodríguez); jugando de esa forma los partidos con Venezuela y Bolivia probablemente estaríamos hablando de otras cosas luego de un cuarto de final más accesible. Se resistió un tiempo completo contra un equipo mucho más poderoso y eso habla bien del orden táctico defensivo y especialmente de la prueba de los tres centrales; luego del primer gol de Riquelme era obvio que todo el castillo de arena se vendría abajo.

Lo que sí deja insatisfechos es la absoluta incapacidad de hilvanar juego en la mitad de la cancha, lo que provocó una penuria total de pelotas jugables para los delanteros. Y sí, es culpa del entrenador: porque es verdad que jugaron los 11 que debían hacerlo, pero los 3 de la volante no estaban bien dispuestos en el gramado. Todos (yo in primis) esperaba que Bazalar y De La Haza armaran un doble pivote de contención en el medio, dejando a Mariño libre detrás de Pizarro y Guerrero, para poder generar acciones de peligro y enlazar la zaga con el ataque de forma más eficiente. Pero no: Uribe persistió en su erróneo módulo sin enlaces creativos y dejó nuevamente a Bazalar solo en el medio, con De La Haza tirado a la derecha y Mariño a la izquierda, ambos con funciones mixtas. El resultado fue obvio: nuestro único hombre creativo terminó encerrado en el triángulo Zanetti - Mascherano - Verón, sin contar eventuales incursiones de Messi; por su parte, De La Haza podía avanzar un poco más, aprovechando también la voluntad propositiva de Galliquio y cierta dejadez por parte de Heintze, pero el hombre no tiene los pies de seda y no se le podía pedir que se invente algo extraordinario.

Argentina carburó lentamente y luego abusó del rival con unas individualidades descollantes: Riquelme en un partido lento y contra defensas atrasadas es letal; Messi no solo desequilibra en espacios microscópicos como nadie en los últimos veinte años, sino que tiene una velocidad tal que hasta se da el lujo de recuperar pelotas limpiamente como el mejor volante de marca; Mascherano debe ser el mejor hombre de contención en el mundo junto a Gattuso, al que concede algo en agresividad y carácter pero adelanta en cuanto a edad, entrega clara y llegada al área; y el Pupi Zanetti a sus 34 años sigue siendo una locomotora inagotable de extremo a extremo del campo. No sé qué cuántos títulos hubiera conseguido este ejemplar profesional de no haber jugado por doce años en un equipo tan desastroso y salado como el Inter: misterios del fútbol.

Para Perú no queda más que mirar a las eliminatorias para Sudáfrica 2010, que inician en unos meses. Esta copa por lo menos ha generado certezas: tenemos finalmente unos centrales defensivos de confianza, especialmente Rodríguez y Acasiete; Guerrero ya no es una alternativa desde el banco sino una realidad en neta evolución; Butrón ha demostrado dar seguridad en la valla. Si le agregamos los regresos, luego de motivos variados, de Farfán, Vargas y Solano, armar un equipo competitivo no es una quimera. Claro, hay que despejar las incógnitas que deja el certamen continental, empezando por el técnico: espero que Uribe haya entendido que el 5-1-4 es una cosa y el 5-3-2 otra, y ni qué decir del 3-5-2. Casi con toda seguridad, conociendo a los dirigentes peruanos, el Diamante seguirá al mando de la blanquirroja hasta que la muerte (en este caso, la enésima eliminación previa a un mundial) los separe, así que no queda más que rezar para que el Altísimo lo ilumine y que se decida finalmente a usar el módulo más apropiado para nuestro juego, y que sin falsa modestia vengo afirmando que es el 3-4-3 (como se sugirió en este post) con Butrón en el arco, Acasiete, Rodríguez y Vílchez atrás, Solano, dos hombres de contención a elegir (otro de nuestros problemas) y Vargas en la volante, y Farfán, Pizarro y Guerrero arriba; con la variante de Mariño por uno de los delanteros en partidos más complicados.

Y esperemos que, por fin, esta trágica maldición de la selección se concluya: ya va siendo hora de revertir la historia. Que Machu Picchu nos marque el camino.


viernes, 6 de julio de 2007

Ocho en raya

Como se nota, últimamente soy monotemático con esto de la Copa América. Pero en fin de cuentas en una semana más todo esto se acaba y volveremos a dar una mirada más allá de los estrechos límites del gramado.

Ayer se concluyó la primera fase. No hubo sorpresas mayúsculas: en fin de cuentas se trataba de eliminar a cuatro equipos de los 12 que participaban; se fueron Estados Unidos (0 puntos, 2 goles a favor y 8 en contra), Ecuador (0 puntos, 2 goles a favor, 6 en contra), Bolivia (2 puntos, 4 goles a favor, 5 en contra) y Colombia (3 puntos, 3 goles a favor, 9 en contra). Los primeros vinieron con un equipo juvenil luego de las fatigas en la Copa de Oro; los otros tres eran a priori inferiores por lo menos a dos equipos de su grupo, por lo que en el mejor caso habrían peleado un cupo como tercero.

La configuración de los cuartos de final es espantosa y por ende digno parto de la CONMEBOL, notoriamente capaz de perpetrar todo tipo de mamarrachos. Sólo a un genio se le ocurriría plantear un fixture en el que dos equipos que acaban de jugar en la primera ronda puedan cruzarse en cuartos: y en esta ocasión les salió por partida doble con Venezuela - Uruguay (0-0 en la primera ronda) y con Brasil - Chile (3-0). A parte, la distribución en las dos mitades del cuadro de las fases a eliminación directa era ya evidentemente desbalanceada. En la parte alta, teníamos al primero del grupo A (Venezuela, casualmente...) contra uno de los terceros y al segundo del grupo B (Brasil, pero seguramente se esperaban que fuera México) contra el tercero restante; mientras que del otro lado chocaban entre sí los dos primeros y dos segundos puestos restantes (Argentina - Perú y Paraguay - México, aunque se suponía que este último fuera Brasil).

La lógica tras esto? Facilitar al extremo el camino de Venezuela, por lo menos hasta la final. Los dos grandes, Argentina y Brasil, deberían haberse encontrado en la otra semifinal, mientras que la vinotinto se las habría visto con uno entre México y los dos terceros no eliminados. Absurdo. Lo más doloroso es que Perú tuvo en sus manos la posibilidad de clasificar primero y aprovechar esa distorsión; en cambio las brillantes ideas de Uribe primero contra Venezuela y luego contra Bolivia nos mandaron de frente al rincón del castigo con los 3 mejores equipos de la Copa (Argentina, México y Paraguay, en ese orden).

Era posible hacer un cuadro más sensato? Por supuesto. Nadie niega el derecho adquirido de que el primero del grupo de Venezuela no tenga que cruzarse con ningún otro equipo campeón de grupo, o que juegue contra un tercero, Pero en ese caso el otro cuarto de final debería estar compuesto por los segundos clasificados de los otros grupos; en el extremo opuesto, los primeros de los dos grupos restantes se encontrarían con el segundo del grupo de Venezuela y el segundo tercero. En resumen, los enfrentamientos serían en el orden, 1°A - primer 3°, 2°B - 2°C, 1°B - segundo 3°, 1°C - 2°A; si se dan cuenta, respecto a lo que hay ahora (1°A - primer 3°, 2°B - segundo 3°, 1°B - 2°C, 1°C - 2°A) simplemente se han intercambiado de posición al segundo tercero con el segundo del grupo C, teniendo dos mitades de cuadro más balanceadas.

Finalmente, bastaba agregar una línea en que se dijera que la posición de los terceros en el cuadro no sería por puntaje, sino evitando que jueguen contra un equipo de su mismo grupo. Con sólo incluir esta aclaración, se habrían ahorrado la vergüenza de los partidos duplicados, porque por lógica Uruguay habría sido enviado a jugar con Brasil y Chile con Venezuela, y todo solucionado. Y si juntamos esto al cambio de posiciones del que hablaba, los cuartos de final habrían sido Venezuela - Chile, Brasil - Paraguay, México - Uruguay y Argentina - Perú; es decir, algo muchísimo más equilibrado.

Pero en fin, vamos a los pronósticos que tan bien se me dieron en la Champions League (y si no lo creen, chequeen este profético post) e imaginemos qué va a pasar.
  • Venezuela - Uruguay: el peor de los cuatro cuartos. Los locales no han demostrado nada importante, empataron con Bolivia dejando ventajas defensivas, vencieron a un Perú desordenado jugando con un hombre más casi todo el partido y sin generar muchos peligros, y empataron con los charrúas de forma aburrida y casi acordada. Los celestes por su lado son el peor de los equipos en la segunda ronda, y yo diría que hasta Ecuador y Bolivia hubieran merecido más la clasificación: pasar con un gol a favor y tres en contra no es ningún halago; asumiremos que la culpa de esto es la grave ausencia de Recoba. Si el Chino vuelve y está en condiciones, Tabarez puede volver al clásico 4-3-1-2 y de repente hasta Forlán (gran decepción de la Copa) se pone las pilas; si no, y contando con el respaldo de la tribuna y probablemente de la terna arbitral, las cosas se ponen color de hormiga, o mejor dicho, color vinotinto. Venezuela: 65%; Uruguay: 35%.
  • Brasil - Chile: el partido en la fase de grupos tuvo un resultado engañoso, generado por un penal dudoso y dos genialidades de Robinho en el final de partido, luego de que el Chupete Suazo se comiera toda la defensa brasileña y fallara con el arco a disposición. Todo depende de las individualidades, porque las de Chile (el Mati Fernández y González) no han aparecido y Brasil sobrevive a duras penas gracias a Hielo seco Robinho, que lucha solo contra el mundo. Ojo que éste está más parejo de lo que parece... Brasil: 60%; Chile: 40%.
  • México - Paraguay: los chicanos son el equipo más sólido y no por nada el único que llega con la valla menos violada (1 gol); y los guaraníes son los siguientes, fuertes atrás y contundentes arriba, quizás más que los mexicanos, contando a Santa Cruz, Cardozo y Cabañas. Todo es posible, pero creo que el Tri tiene algo más, empezando por los arqueros: Ochoa y Sánchez se han alternado con la misma eficacia. México: 55%; Paraguay: 45%.
  • Argentina - Perú: desgraciadamente, es el cuarto más fácil de predecir. Argentina siempre fue mi favorito, y por muy buenas razones. Perú ha tenido una parábola descendente causada casi exclusivamente por las decisiones erráticas y testarudas de su entrenador, que ha demostrado ser incapaz de leer los partidos antes, durante y después de los 90'. Las últimas indiscreciones apuntan a que, finalmente, le estaría entrando un poco de razón y utilizaría dos volantes de contención delante a su línea de cinco, con Mariño suelto detrás de los delanteros. Ese era el módulo a utilizar con Venezuela y Bolivia; ahora es demasiado tarde, porque ni el mejor módulo del mundo puede protegerte del juego argentino. Sólo un milagro de aquellos que se dan en el futbol podrían cambiar la historia. Argentina: 85% - Perú: 15%.
El lunes analizaremos que pasó; y salvo uno de los 3 encuentros, estamos frente a una eliminatoria pareja, lo cual debería generar partidos intensos y disputados. Ver para creer.


miércoles, 4 de julio de 2007

Dos x dos

Se puede jugar bien y clasificar, se puede jugar mal y ser eliminados: si el fútbol fuera un deporte regido por leyes lógicas, eso sería lo normal. Para el peruano, en cambio, no hay nada más familiar que jugar bien y perder, y estar felices por eso. Es un imprinting cultural perfectamente establecido. La completa novedad, que nos toma a todos de sorpresa, es jugar pésimo y sin embargo pasar el turno, al mejor estilo italiano; con la salvedad que Italia lo hace defendiendo de manera implacable y lanzando contragolpes mortíferos. Nosotros no: simplemente jugamos mal en todas las líneas y aún así nos hemos dado la maña de clasificar. No por nada bizarro hace rima con Pizarro.

El resumen del partido se hace muy fácil. Excluyendo una chalaca de Guerrero en el primer tiempo y un cañonazo del Bombardero en el segundo, los 90' se jugaron hacia un solo lado de la cancha, el nuestro; Bolivia dominó totalmente el partido, obtuvo neta superioridad en los tres sectores de la cancha y generó innumerables ocasiones de peligro, cuya eficacia se vio limitada sólo por sus escasas dotes en fase conclusiva. Por su parte, Perú fue un desastre inmitigable: desatento en defensa, nulo en la volante, raquítico en ataque. Luego del gol de Moreno en la enésima desbandada de la zaga blanquirroja (24'), un testazo de Pizarro ponía las cosas en igualdad, de forma inmerecida, tras corner de Mariño (34'); pocos minutos después el sacrificadísimo Farfán (ni un solo tiro al arco en acción de juego en toda la Copa, gracias a la función de volante mixto que le inventó Uribe) se lesionaba y salía del campo, no antes de que el banco peruano esperara un puñado de minutos en los que la Foquita sólo empeoró el esguince. Acto seguido, 2-1 de Campos en los minutos de descuento (45'), cambios erráticos del técnico peruano en el segundo tiempo, dominio total de los altiplánicos, expulsión del recién entrado Herrera (77') y finalmente el empate, nuevamente gracias a la cabeza de Pizarro (86').

Clasificamos como segundos en el grupo más débil de la Copa, y sólo por diferencia de goles. Ganamos a Uruguay por una serie de coincidencias, perdimos con Venezuela al no tener variantes de juego y por la estupidez de García, empatamos con Bolivia cuando merecíamos perder con buen margen. Jugando a un nivel mediano, se podían obtener 7 puntos, el primer puesto y un cuarto de final accesible, probablemente contra Chile; terminamos con 4, un segundo lugar milagroso y un cruce terrible contra Paraguay (6 puntos, 8 goles a favor y uno contra en 2 partidos) o Argentina (6 puntos, 8 goles a favor, 3 en contra). Hay algo que festejar? Probablemente sólo el retorno al gol de nuestro capitán y centrodelantero; a parte eso, no queda más que llorar.

Uribe demostró una vez más que su soberbia y testarudez termina destruyendo las pocas intuiciones útiles que le vienen a la cabeza. Enumeremos:
  1. Entendió que Perú no tiene el peso específico para plantear partidos de ataque, así que decidió dar prioridad al orden defensivo. Perfecto. Pero jugar con 5 stoppers, un sólo volante y cuatro delanteros no representa ningún orden: es un capricho. El resultado es que con ese módulo regalamos la volante al rival; Uruguay no lo aprovechó y le ganamos, Venezuela sí y nos ganó. Lo más probable es que a estas alturas todas las selecciones del mundo lo hayan entendido: cuál será el lógico resultado?
  2. Optó por la defensa a 3, algo que pedía hace años. Cool. Pero se olvida que ese módulo implica tener dos volantes laterales de ida y vuelta (la mejor Argentina utilizaba a Sorín y Zanetti, Brasil a Cafú y Roberto Carlos) que den salida por los costados, así que en lugar de llevar al menos un par de ellos decide llenarse de delanteros y stoppers (y un arquero de más): y terminamos con una trinchera de 5 defensas centrales en línea. Ergo, nula presencia en las bandas. Adicionalmente, todo módulo con 3 atrás lleva a poblar más la mitad de la cancha; pero, por lo expuesto, sólo se llevó a Bazalar (mixto) y De la Haza (contención). Increíble.
  3. Yendo por encima de los designios federativos, logró un acuerdo con Solano; pero para evitarse problemas, no lo llevó a la Copa, ni siquiera cuando la lesión de Vargas antes de partir nos indicaba que no teníamos un solo cursor lateral y que íbamos a necesitar alguien que sepa manejar jugadas de balón parado. Para obviar eso, retrocedió a Farfán treinta metros y lo obligó a patear corners y tiros libres. Que consiguió? Que nuestro delantero más goleador no marque un solo gol.
  4. Llegando al partido decisivo con Bolivia, y luego de la debacle contra la vinotinto, entendió que el módulo no podía mantenerse inalterable, y decidió jugar con línea de 4 para reforzar la volante, algo inapuntable. Pero luego quita al mejor defensa que tenemos (Acasiete) y lo reemplaza en el medio de la zaga con un marcador izquierdo en su debut con la selección (Villamarín), manteniendo a un central zurdo (Vílchez) de marcador izquierdo, cuando lo más simple hubiera sido invertir la posición de los dos últimos. Y lo peor: sus 4 volantes eran un destructor (De La Haza), un diez (Mariño) y dos delanteros habilidosos obligados a fungir de carrileros (Farfán e Ismodes). Viva la coherencia.
  5. Luego del patético espectáculo ofrecido ayer, decide desechar el módulo empleado contra Bolivia... pero sólo para volver al que usó en los dos primeros partidos, cuyas falencias nos hemos cansado de describir. Con el agravante que la lesión de Farfán y la suspensión de Rodríguez impiden asegurar los mismos resultados...
Luego de tanta crítica, algunas propuestas. Total, ya sabemos que Uribe es más terco que una mula y seguirá por su camino al desastre (salvo golpes de suerte como los del debut con Uruguay). Contra Argentina o Paraguay, desde mi punto de vista, sólo se puede jugar de una manera, y la lesión de Farfán indirectamente ayuda en ese sentido. Cuatro atrás (Vílchez, Acasiete, Villalta, Galliquio), dos volantes de contención (Bazalar y De La Haza), dos creativos (Mariño e Ismodes) y dos delanteros (Pizarro y Guerrero). Preferiría jugar con un 5-2-1-2, pero al no tener marcadores con salida por las bandas terminaríamos encerrados en un asedio constante, con siete elementos metidos en la cueva.

Mirando más allá, hacia las eliminatorias, me reafirmo en la necesidad, ya expuesta en detalle en este post, de jugar con 3 atrás, y la variable de utilizar 3 delanteros o sólo dos con un enganche. Hasta muchos de los nombres me parecen inevitables: el arquero debe ser Butrón, los tres defensas Vílchez, Rodríguez y Acasiete , los carrileros Vargas por izquierda y Solano por derecha. Las cinco incógnitas por despejar dependerían del rival a enfrentar. Contra equipos netamente ofensivos, sería bueno contar con dos volantes de contención, a escoger entre De La Haza, Torres y Cruzado, con Mariño de enganche y arriba Farfán y uno entre Pizarro y Guerrero; cuando se requiera más volumen de ataque, bastará un volante de contención, retrocediendo a Mariño algunos metros y planteando de forma conjunta a los tres magníficos de arriba. Lo bueno es que al parecer tenemos recambios aceptables: Villalta y Galliquio en la zaga, Hidalgo y Prado por las bandas, Ismodes como puntero habilidoso. Lo que nos falta es alternativas en la contención y la creación, que podrían obligarnos en caso de lesiones o problemas a jugar con un 4-4-2.

Pero en fin, el siguiente partido es el domingo y mañana se definirá contra quien. Las cosas no se preanuncian color de rosas, in primis por la actitud del entrenador de la selección; lo único positivo de esta aventura es que seguimos pasando la primera ronda de la Copa América, por quinta vez consecutiva (desde Bolivia '97), algo que no hay que desmerecer considerando que en las cinco anteriores (desde Argentina '87) sólo una vez se había conseguido ese objetivo (Ecuador '93). Por otra parte, sumando esas nueve ediciones anteriores de los pasados 20 años sólo tenemos una semifinal conquistada, justamente hace una década, luego de vencer a Argentina en Sucre. Las otras veces, sólo derrotas en los cuartos de final con México en Ecuador '93 (2-4) y Paraguay '99 (5-7 luego de penales) , y con el local Colombia en el 2001 (0-3).

Que el Altísimo ilumine a Uribe (aunque lo dudo) y sobre todo a los jugadores. Se necesita realmente un milagro para seguir adelante.


lunes, 2 de julio de 2007

Dos copas de vinotinto

Esta vez las cosas no salieron como se esperaba. Venezuela - Perú 2-0, y para variar llegamos a la última fecha sin depender de nosotros mismos para conseguir el tan ansiado primer puesto. Como dije en el post relativo al partido con Uruguay, el resultado positivo que se obtuvo en ese encuentro no dependió intrínsecamente del módulo planteado por Uribe, sino por un conjunto de factores que permitieron que ese sistema pudiera expresarse a la perfección.

Pero como hasta un niño de 2 años sabe, no todos los partidos son iguales, no todos los adversarios juegan con 3 delanteros y sin volantes creativos, no siempre se puede marcar primero, no es obligatorio que un suplente entre y meta un golazo de otro planeta. Por ende, cualquier equipo que ponga como primera opción la defensa tiene necesariamente que ajustarse a lo que propone el rival; eso de mantener un módulo táctico a ultranza lo pueden hacer sólo los que salen siempre a buscar el partido: Argentina, Brasil, a veces Alemania en cuanto a selecciones, o el Barcelona, el Milan y el Manchester United si hablamos de equipos. Y ojo, ellos también pierden, de vez en cuando.

Con Uruguay el 5-1-4 ligó porque los 3 volantes de contención uruguayos no sabían emplear la ventaja numérica que tenían, limitándose a pasarla a los marcadores de punta o a los delanteros, que terminaban chocando inexorablemente contra el muro defensivo peruano. Pero Venezuela no juega así, y aún si lo hiciera probablemente habría aprendido la lección recibida por los charrúas. Así que salió a la cancha con un 4-4-2 bastante flexible, con dos destructores en el medio y Arango y Páez jugando entre líneas. Resultado: esos cuatro del medio rodeaban al pobre de Bazalar y ahogaban sobre el nacer cualquier intento de Perú.

Si a eso agregamos que la primera nota del partido se refiere a la expulsión infantil de García (14'), uno que en lugar de darse aires de matón debería agradecer que le hayan regalado un cupo en el avión Lima-Caracas, entendemos que las cosas no pintaban bien desde un inicio. Más aún cuando Uribe no cambiaba nada en el sistema (quedaba un 5-1-1-2), limitándose a solicitar más proyección por parte de los marcadores Galliquio y Vílchez, y un trabajo aún más sacrificado a Jefferson Farfán. Luego no nos lamentemos de que la Foquita no marque: en la práctica está jugando esta Copa como un volante mixto, a casi cuarenta metros de su danger zone. Lo lógico en ese momento era quitar a un defensa (por qué defender con 5 contra dos delanteros de poco gol?) y agregar un volante de contención, para parar en seco a los venezolanos y permitir a Bazalar un poco más de panorama a la hora de pasar el balón; pero si de algo adolece el técnico peruano es justamente de lógica táctica, así que Venezuela siguió haciendo lo que quería o podía (en ambos casos, muy poco). Luego de un disparo afuera de De Ornelas, increíblemente solo en el área, el partido se estabilizaba sin grandes apuros en ambos arcos; aunque minuto a minuto quedaba claro que la inercia del mismo llevaba a que Venezuela avance líneas y ocupe la mitad de la cancha de manera estable.

El segundo tiempo empezó con fuegos artificiales: en el primer minuto Butrón repetía el milagro del primer partido desviando en corner un tiro desde fuera, cargado de veneno; pero luego Cichero destruía en elevación a Pizarro en un corner y la clavaba de cabeza por toda la escuadra (48'), y en la siguiente jugada Guerrero se comía un gol ya hecho, acariciando el poste izquierdo de Vega. Perú parecía querer ir con todo por el empate, más aún con el ingreso de Mariño por Villalta (52'), con un módulo 4-1-2-2 que sin embargo no eliminaba la inferioridad numérica en la mitad de la cancha; primero un gran tiro del diez peruano obligaba al arquero llanero a la desviación alta, y pocos minutos después el árbitro Archundia no sancionaba un evidente penal a Pizarro, luego de una esforzada acción de Guerrero sobre la línea de fondo (61').

Uribe en ese momento perdía los papeles y sobrepoblaba al equipo de delanteros con los cambios de Zúñiga por Pizarro (66') y de Mendoza por Galliquio (76'): es decir, un 3-1-2-3 completamente disparatado y desbalanceado, sin ninguna lógica ni en las funciones ni en los nombres. Malingas Jiménez en Argentina ha demostrado ser mucho más que Cachete y la Pantera juntos, y sin embargo parece destinado a un papel de turista. La consecuencia de todo esto era que Venezuela tenía el flanco peruano a la mano e intentaba hacer daño. La ininfluyente expulsión de Páez por una tonta doble amarilla, al meter en el arco una pelota ya detenida por fuera de juego (78'), se originaba en un contragolpe venezolano muy similar al que, dos minutos después, finalizaría en gol Arismendi (80'). Partido liquidado, salvo escaramuzas finales y conatos de street fighting en la cancha, que por suerte Archundia no castigó debidamente (Farfán y Guerrero podrían haber recibido su segunda amarilla del torneo, o peor, y habrían saltado el último partido contra Bolivia).

En conclusión, hubo de todo. Venezuela no mereció ganar con dos goles de diferencia, pero Perú por su lado nunca tuvo la intención de buscar el partido, así que no se justifican reclamos mayores. Archundia falló en el penal y en varios fouls contra Farfán y Guerrero no pitados, pero por otra parte no amonestó a los dos nenes en las broncas finales y sí expulsó fiscalmente a Páez, algo raramente visto en contra de un equipo local. Así que en todo este mix queda la sensación que se debía y podía ganar este partido, si tan sólo se hubiera aplicado un sistema más adecuado. Un 4-2-1-3 o un 5-2-1-2 habrían garantizado la misma cobertura defensiva con un trabajo más eficiente en la recuperación y más balones jugables para el ataque. Uribe se aferró a su sistema ganador, y chau.

Ahora se viene el momento de la verdad contra Bolivia. El tema no es clasificar o no (con el empate pasamos, mínimo como uno de los mejores terceros), sino salir primeros para evitar cruces complicados: el segundo de nuestro grupo se enfrenta a Argentina (o quizás Paraguay, si logra revalidar lo visto ante Colombia), y el tercero casi seguramente a Brasil; el primero en cambio va contra uno de los terceros, con mucha probabilidad Chile. Para llegar primeros tenemos que vencer a Bolivia y esperar en el empate entre Venezuela y Uruguay (que clasificaría a ambos), o en una victoria con pocos goles de Uruguay (que veo muy difícil tanto en términos deportivos como políticos); si gana la vinotinto, a esperar a Messi, Crespo y Co.

Por lo pronto parece que el técnico peruano ha entrado en razón y jugaría con línea de 4 atrás, para disponer un clásico 4-4-2 con Mariño, Farfán y probablemente Ismodes delante a Bazalar en la mitad de la cancha, y Guerrero y Pizarro arriba. No está mal, pero me parece que De La Haza debería jugar en lugar de Ismodes, para formar un doble pivote central que permita a Mariño jugar a toda cancha y a Farfán acercarse mucho más al área. Pero esa es la lógica, y Uribe funciona de otra manera. Esperemos que esta vez sea yo el que se equivoque.


miércoles, 27 de junio de 2007

Celeste profundo

Y al final lo que me temía, tal como expresé en el post introductorio de la Copa América, no sucedió. Por una serie de motivos, el módulo esquizofrénico de Uribe para la selección peruana (a palabras un 3-5-2, en la realidad un 5-1-4) funcionó a las mil maravillas y Perú sepultó de goles a la un tiempo gloriosa celeste, generando la primera gran sorpresa de la Copa y relanzando las aspiraciones de la blanquirroja.

Pero vamos con orden: luego de medio tiempo absolutamente monótono y sin llegadas claras, Perú confeccionó una jugada de laboratorio en un tiro de esquina; rápido intercambio Farfán-Pizarro-Farfán, preciso cross de este último para la cabeza de Villalta que, llegando con prepotencia por el segundo palo, aplastaba al incierto Rodríguez y fusilaba a Carini (27'). Uruguay aún no se recuperaba del shock cuando un pase filtrante de Farfán encontraba a Pizarro lanzado al arco perfectamente habilitado y, luego de un milagro de Carini, Guerrero depositaba cómodamente en el arco, sólo para ver que el asistente de línea (increíblemente, un venezolano, en total conflicto de intereses puesto que Venezuela juega en el mismo grupo) levantaba la bandera e impulsaba al árbitro Amarilla a anular injustamente el tanto (32'). La impotencia de los charrúas se explicitaba en un remate de fuera de Estoyanoff, desviado sobre el larguero por Butrón (45').

En el segundo tiempo, el recién entrado Cristian Rodríguez metía una tijera fenomenal a tres metros del arco, pero Butrón realizaba la atajada del partido, bloqueándola en el suelo con reflejos realmente felinos (48'). Fue la última ocasión clara en todo el partido de un Uruguay que seguiría votado a un ataque con pocas neuronas, exponiéndose así a los temibles contragolpes peruanos que, primero con un tremendo golazo de Mariño desde el límite del área (69') y luego con Guerrero, apoyando en el arco vacío después de una brillante pared con Mendoza (88'), terminaban por cerrar los juegos.

Pero vamos a las razones de este espectacular resultado:
  1. Los escasos reflejos de Tabárez: nunca entendió el sistema de Uribe; si no, no se explica como, frente a la lesión de Recoba, mantuvo 3 volantes de contención en el medio detrás de los 3 delanteros. García, Pérez y Canobbio tenían toda la cancha para ellos (Bazalar no opuso nunca la mínima resistencia), pero no sabían qué hacer con la pelota, dejando que Forlán y los dos punteros desaparecieran entre las camisetas blancas. Lo lógico era eliminar a uno de ellos y poner un enganche, pero no se hizo; dos de sus cambios fueron de delantero por delantero, y terminó el partido con un 4-2-4 quizás hasta más seccionado que el módulo peruano. No es una casualidad que los uruguayos no hayan creado una sola acción de gol en los últimos 42 minutos de juego, aún estando abajo 0-1 y con todo el campo a su disposición.
  2. La pelota parada: si algo hay que reconocerle a Uribe, es la buena preparación demostrada por la zaga peruana en las jugadas a balón detenido. No sólo el gol de Villalta es evidentemente fruto del entrenamiento, sino que Uruguay no pudo llegar jamás con claridad a través de tiros francos o de esquina. Un milagro, vistos los antecedentes.
  3. El flujo del partido: el módulo planteado por Uribe servía sólo para contragolpear y la coyuntura terminó decántandose a su favor. No es una casualidad que el gol primer nazca de una acción aislada y de pelota parada, y no a través del juego, algo totalmente imposible si se considera que Perú prácticamente jugó sin volantes. Luego, los otros 3 goles (incluyo el que fue anulado sin ningún motivo por Amarilla) fueron todos realizados al contrataque, jugando sobre la desesperación uruguaya y la ventaja adquirida. Si Uruguay hubiera abierto el marcador, o hubiera empatado a principios del segundo tiempo, ese mismo sistema terco y monocorde se habría convertido en la perdición de los peruanos.
  4. La atajada de Butrón sobre Cristian Rodríguez: ese salto instintivo vale más que cualquiera de los goles que entraron en el otro arco. Con el empate se caía todo el castillo de arena, pero el buen Leao escogió el mejor momento para sacar un milagro debajo de la manga.
  5. La falta de conocimiento de los defensas uruguayos: conoce a tu adversario si quieres saber como enfrentarlo, dicen los teóricos bélicos. La última línea uruguaya no hizo sus deberes, porque si no no se explica el enorme espacio concedido a Mariño en la acción del segundo gol peruano. Yo llamé el gol desde el momento en que los stoppers celestes, en lugar de salir al encuentro, cerraron compactos hacia el centro; cualquiera que haya visto jugar al Burrito sabía de antemano que venía directo al disparo, sin siquiera buscar con la mirada a Farfán, en el centro del área. Booooom.
Lo mejor de todo es que el sucesivo empate a dos entre venezolanos y bolivianos, con gran demostración de carácter de los altiplánicos, recuperando por dos veces la desventaja, genera una situación perfecta para seguir jugando a la defensiva, con el famigerado módulo uribista. En el siguiente partido, los vinotinto tendrán que salir a buscar el partido para no correr el riesgo de ser eliminados: por lo tanto se expondrían fatalmente al contragolpe peruano. Y en el último enfrentamiento, Bolivia podría también necesitar la victoria a toda costa para avanzar: idem. En caso de llegar a los cuartos en el primer lugar del grupo, tocaría o Colombia o Chile (llegando segundos el rival probablemente sería Brasil, clasificando como terceros sería México): dos equipos que sí podrían esperar en su media cancha. Ese será el momento de la verdad.

Mientras tanto, a disfrutar. Pero ojo que una golondrina no hace verano, y tres tampoco.


lunes, 25 de junio de 2007

Copa Quimérica

Mañana inicia la Copa América Venezuela 2007, y para colmo de males la inaugura Perú. Francamente no sé por donde empezar mi estribillo de lamentaciones, así que arrancaré desde el manantial mismo: es decir, la idea de esta copa.

En primer lugar, me parece algo ilógico que una manifestación organizada, pagada y premiada por la Confederación Sudamericana de Futbol tenga participantes de otras confederaciones; generalmente de Norte y Centroamérica (in primis México), pero también recuerdo a Japón en Paraguay '99, algo realmente alucinante. Desafortunadamente esto se repite en las copas a nivel de clubes (Libertadores y Sudamericana), donde los equipos chicanos se han metido con todo debido al ingente flujo de ingresos que generan. La distorsión es evidente: tanto la selección tricolor como su zoológico de clubes (las chivas, los jaguares, los tigres...) terminan dobleteando a todo dar en las copas; pero a la hora de la verdad, es decir, las eliminatorias al Mundial, ahí sí cada uno baila con su pañuelo y con sus propios cupos. Yo creo que ya es hora que América tenga una sola confederación: en el Norte tenemos un remedo de institución cuya única función es garantizar el acceso de México y USA a los mundiales, dejando 1.5 puestos disponibles para los otros 38 equipos del subcontinente; mientras que en el Sur se da una competencia cualitativamente superior entre las 10 selecciones afiliadas, pero en la cual hay el 45% de posibilidades de clasificar... juntando las dos mitades, tendríamos 50 equipos en lucha por 8 cupos, lo cual no estaría nada mal.

Se podría hacer una competencia en fases al estilo Champions League: un primer par de rondas de preliminares rápidos (ida y vuelta) entre los 30 equipos antillanos, que clasifique a los ocho mejores a la segunda fase, donde chocarían contra los 7 equipos centroamericanos más Canadá. Los ocho ganadores, más México, USA y los equipos sudamericanos formarían 4 grupos de 5 (con Brasil, Argentina y los dos norteamericanos como cabezas de serie) que clasificarían a los primeros dos de cada uno a la máxima competencia mundial. Las fechas a jugar serían la mitad respecto a lo que sucede ahora, haciendo viable que se jueguen, como en el resto del mundo, a lo largo de un bienio. Para la Copa América, se podría hacer algo parecido, pero con menos rondas preliminares. Un torneo de 16 naciones implicaría generar 15 cupos, generables con 5 grupos de 5 en que clasifiquen los primeros 3. Los 30 participantes serían los 10 equipos sudamericanos, los 3 norteamericanos y los 12 mejores de Centroamérica y Caribe. Aquí también tenemos un número de fechas reducido y asimilable en dos años.

De esta manera se equilibraría un poco el calendario de partidos de esta parte del mundo, que es enloquecido, con copas continentales cada dos años (desde 1987), eliminatorias que duran 3 (desde 1995), etc etc. En años pasados se vieron los nefastos resultados de esto: la Copa América del año posterior al Mundial ('87, '91, '95, '99) encontraba a jugadores desgastados por dos temporadas ininterrumpidas de partidos, y la del año anterior al sucesivo ('89, '93, '97, '01) se superponía con la fase decisiva de las eliminatorias, haciendo que muchos terminen por mandar equipos alternos o juveniles. Pensé que con la postergación de la Copa del 2003 al 2004 la cosa entraría en un modus operandi mucho más lógico, emparejándose con las fechas de las Eurocopas, pero no. Ahora las copas se celebrarán cada cuatro años, lo cual es un paso adelante, pero se harán siempre en los años sucesivos a las Copas de Mundo. Primera consecuencia: los dos mejores jugadores del continente, Kaká y Ronaldinho, físicamente exhaustos luego de dos temporadas europeas y un Mundial en el medio, han dado forfeit. Algo que se hará moneda corriente en los próximos años.

Pero pasemos al juego. Doce equipos luchan por los 8 lugares en los cuartos de final, un porcentaje muy alto y que permite que una u otra selección mediocre pase el turno con dos empates. Esperemos que esto nos favorezca, aunque la veo difícil. Uruguay tiene un equipo armado gracias a la cabeza fría de Tabarez; Venezuela es el local (recordemos la estadística, ningún local ha jamás sido eliminado en primera ronda en competiciones continentales o mundiales de formato similar); y Bolivia es el país más cercano políticamente a los llaneros, algo que no subestimaría.

Pero como si no bastara con estos adversarios, Perú tiene que luchar contra sus propios demonios. En un post anterior, trataba de sugerir al coach Uribe las posibles variantes para poder lanzar a la cancha a los mejores jugadores sin desequilibrar al equipo. Una era el 3-4-3, donde los tres de atrás eran Vílchez, Rodríguez y Acasiete, la volante estaba compuesta por dos carrileros de ida y vuelta (sugería a Vargas y Solano, perfectos para ese esquema), un volante de contención y un mixto con buen pase, y los 3 grandes arriba, Farfán-Pizarro-Guerrero. La otra alternativa era sacrificar a uno de los delanteros (Guerrero) desplazando a Vílchez como marcador izquierdo e incluyendo a Galliquio como marcador derecho, formando un clásico 4-4-2. Demás está decir que el mejor sistema es el primero.

Pero la Federación Peruana, el entrenador y la mala suerte se han cruzado con esas ideas. La primera impide la convocatoria de Solano, por líos preexistentes; Uribe no lleva a Venezuela a su lógico reemplazante, Prado, ni al suplente de Vargas por la izquierda, Hidalgo; y finalmente el mismo Vargas se lesiona un día antes de partir. Resultado: Perú no tiene entre sus 22 convocados un solo hombre que avance eficientemente por los laterales, ni en defensa ni en la volante. Lo lógico, frente a esta situación, era retroceder de emergencia a un 4-4-2 atípico, con los 4 stoppers en línea atrás, dos volantes de marca, Mariño delante a ellos, Farfán libre por los lados, Pizarro y Guerrero arriba. No se avanzará mucho por los laterales, pero por lo menos no se pierde la mitad de la cancha.

Obviamente Uribe no hará esto; agárrense porque las cosas se ponen feas. Perú va a jugar con 5 stoppers en línea, todos los que tiene en su roster: Vílchez por izquierda, Acasiete, Rodríguez y Villalta en el centro, Galliquio por derecha. Delante a ellos un solo volante, que entre otras cosas no es de contención sino mixto, Bazalar, con el ligero agravante de tener casi 40 años. Y arriba, cuatro delanteros netos como Farfán, García, Pizarro y Guerrero. Algo así como un 5-1-4 que no da ningún equilibrio y que parte en dos el equipo, dejando al indefenso Bazalar a cargo de todo el tercio central del terreno de juego. El entrenador trata de ocultar esto diciendo que Vílchez y Galliquio serán volantes carrileros, pero eso es absurdo considerando que jamás se han desempeñado en esa función; por otra parte, pensar que Farfán y García, dos goleadores rápidos y oportunistas, puedan crear juego para las dos torres de arriba es algo totalmente absurdo.

Esto no niega que Perú pueda hacer sensación y llevarse de encuentro a los demás con una defensa de fierro y un contragolpe mortífero, es decir el único tipo de juego que permite un módulo similar; pero esto vale siempre y cuando el adversario quiera hacer el partido y sobre todo no logre pasar en ventaja. Si no, adiós. El partido con Uruguay dará la medida de esto: un primer gol charrúa eliminaría de golpe cualquier sustento al módulo uribesco; un gol peruano, con posible victoria posterior, lo eternizaría.

A ver qué sucede, que el buen Guaky (finalmente una mascota carismática y bolivariana!) nos proteja y que no nos dejemos pasar por encima por celestes, altiplánicos y vinotintos. Salud!


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Y los incautos a la fecha son...